Revista del Club Empresarial
marzo 2008. Año 5 No 26

Infraestructura científica y tecnológica para el TLC
Escribe Modesto Montoya

La infraestructura científica y tecnológica del Perú es una de las más pobres de América Latina. Sus laboratorios no cuentan con los equipos necesarios para llevar a cabo investigaciones competitivas en el ámbito internacional ni para aprovechar las ventajas comparativas que representan la rica biodiversidad y los cuantiosos minerales. Lo peor es que esos laboratorios están dispersos en varios sectores, haciendo casi imposible toda colaboración entre ellos.

La institución científica con mayor  producción científica, la Universidad Peruana Cayetano Heredia, se ha provisto de equipamientos gracias a proyectos de investigación en colaboración con entidades extranjeras. Por su lado, el organismo público descentralizado con mayor producción, el IGP, cuenta con un radio observatorio  construido por Estados Unidos.

La infraestructura científica y tecnológica del Perú no ha sido construida en el marco de un plan nacional. Ha respondido a iniciativas sectoriales impulsivas, en la mayoría de los casos, sin tomar en cuenta las necesidades reales de la Nación.

En comparación con países que han apostado por el conocimiento, y para fines prácticos, podemos considerar que no contamos con una infraestructura científica y tecnológica. Esta constatación, que puede parecer pesimista, constituye sin embargo una excelente oportunidad para levantar una infraestructura  para la investigación interdisciplinaria y atraer a los investigadores peruanos dispersos en el mundo,  con el objetivo de hacer frente a los retos del siglo XXI, en particular los que nos presenta el TLC.
 
¡Basta con ver lo que están haciendo los países vecinos! La presidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ha anunciado la construcción de un complejo de edificios y laboratorios para consolidar la ciencia y la tecnología de su país. Allí estarán las sedes de varios centros de investigación, incluyendo el del recientemente creado Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, tres nuevos institutos de investigación y un museo interactivo para formar profesores. Este polo científico-tecnológico tendrá una superficie cubierta total de 38 000 metros cuadrados.

Los polos científicos son antiguos en el mundo. Tsukuba, la Ciudad de la Ciencia de Japón, alberga la mayoría de las instituciones de investigación de ese país. Las instalaciones educativas fueron creadas en 1973, luego del traslado de la Universidad de Educación de Tokio. Tsukuba tiene unos 10 000 estudiantes de antegrado y 6 000 estudiantes de posgrado, unos 3 500 profesores, entre los que hay tres premios Nobel.

Los países latinoamericanos están despertando de su letargo científico y van creando las condiciones para hacer un buen papel en el marco de sus acuerdos de libre comercio. Por ejemplo, en Chile, según una reciente Ley de incentivos tributarios, de cada 100 dólares que se invierta en la empresa privada para actividades de investigación y desarrollo, 46 serán puestos por el Estado. Para comparar con otros países, el Estado en España pone 40, Noruega 23 y Corea 16.

La falta de esta infraestructura en el Perú nos hace perder muchas oportunidades que son aprovechadas por los países desarrollados. Por ejemplo, varias instituciones tratan de obtener medicamentos de las plantas medicinales conocidas por comunidades de la sierra y de la selva. La falta de equipamiento y personal no permite llevar la investigación a buen término y a tiempo. En cambio, las instituciones extranjeras toman la información de las mencionadas comunidades y, usando complejos laboratorios, llegan a elaborar medicamentos. Ese es el caso, por ejemplo, de los medicamentos contra la malaria.

No hay tiempo que perder. Es urgente que el Estado peruano asuma la histórica responsabilidad de levantar la infraestructura científica y tecnológica que permitirá competir con los países de la región en un mercado de productos de alto valor agregado. Ya no es posible vivir decorosamente sólo de los recursos naturales.