El valor de la educación en el Perú

Escribe Modesto Montoya

Si se tomara un examen a profesionales de cualquier sector sometido por largo tiempo a remuneraciones simbólicas, los resultados  no serían diferentes a los obtenidos en el reciente concurso para nombramiento de profesores. Son reglas elementales de la oferta y la demanda: mientras menor sean las remuneraciones en un sector, menor será su poder de atracción hacia los mejores estudiantes.

En algunos colegios privados se tiene remuneraciones superiores a las que ofrece la mayoría de universidades. Y las universidades  privadas que quieren adquirir alto nivel académico empiezan por ofrecer altas remuneraciones a sus profesores, con lo que atraen a los mejores profesionales del país.

Algunas universidades estatales de prestigio todavía cuentan con buenos profesionales, en parte porque se considera un mérito conformar su plantel docente. Sin embargo, los más competitivos van a la universidad sólo por sus horas de clase, descuidando la necesaria comunicación con los alumnos y abandonando las actividades de investigación. Más aún, los mejores profesionales se van al extranjero. En un congreso internacional escuché una frase bastante descriptiva de la situación: “se quedan los peores, o los locos”.

Durante medio siglo, la educación nacional ha estado sometida a remuneraciones irrisorias. En esa situación, rarísimos fueron los alumnos con buen rendimiento en la secundaria que postularon a carreras de educación; como pocos son los profesionales de buen rendimiento en su carrera universitaria que se quedan como profesor a tiempo completo en una universidad estatal.

En tal sentido, no está bien que se señale con el dedo acusador sólo a los profesores. La mayor responsabilidad del estado la educación peruana la tiene la serie de gobiernos que la abandonaron sin comprender su valor y, asignando remuneraciones paupérrimas, desprestigiaron la carrera docente.

Las propuestas. La solución para los problemas de la educación no es para mañana. Si desde ahora adoptamos medidas que hagan atractivos la carrera de educador y el ambiente educativo, podríamos apuntar a una mejor educación en unos 15 años, cuando hayan llegado profesores que escogieron una carrera docente valorada por el Estado.

Para ello, en primer lugar, deben elevarse las remuneraciones del sector Educación y, al mismo tiempo, el Estado y el sector privado tienen que promover la carrera educativa, prestarle la importancia que merece, de modo que la juventud la vea entre sus buenas alternativas de futuro.

Paralelamente, hay que organizar programas de postgrado  en educación, tanto para los profesores nombrados como para los contratados, e incrementar los programas de formación de educadores dirigidos a los egresados de cualquier disciplina.

En esos programas tendrá que promoverse la lectura crítica y el razonamiento lógico, con los que se logre desterrar la educación paporretera.  De esa manera se formará una generación de peruanos analíticos, con espíritu crítico y criterio propio.

Además, habrá que introducir la experimentación, componente fundamental para comprobar las hipótesis existentes o confrontar las que se les ocurra a los alumnos. La experimentación no requiere laboratorios sofisticados o caros. Hay miles de experimentos con materiales caseros que permiten comprender el comportamiento de la naturaleza e iniciarse en el proceso de investigación. Así tendremos ingenieros y científicos capaces de hacer frente a los problemas que plantean la naturaleza y el mercado de productos de alto valor agregado.

Finalmente lo más importante: abandonemos el modelo de desarrollo basado sólo en la explotación de recursos naturales y en la mano de obra barata. Ese modelo no tiene necesidad de genios, pero no es sustentable.