Cooperación empresa-academia en Caral

Modesto Montoya (*)
Diario Gestión, 23 de julio 2009

 

Modesto Montoya
Desde casi los inicios de sus investigaciones en Caral, el equipo de Ruth Shady tuvo la cooperación de la empresa Lima Tours. En ese sentido, la nominación de Patrimonio Cultural de la Humanidad de Caral, por la Unesco, es en gran parte fruto de la cooperación empresa-academia.

Con Eduardo Arrarte Fiedler, socio de Lima Tours, nos encontramos en los años 90, en la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), tratando de que la ciencia y la tecnología sean motivo de cooperación entre el Estado, la empresa y la academia. Eduardo tenía ya alma de arqueólogo. A principios de los años 90 sentía desasosiego cuando viajaba a China, India, Egipto y Mesopotamia y encontraba lugares con antigüedad de 4,500 años en China, 4,700 años en la India, de 5,500 años en Egipto y de 5,600 en Mesopotamia. Su autoestima de peruano era desafiada al escuchar que lo más antiguo en el Perú era Chavín, de 3,500 años.

En octubre de 1999 se enteró, por periódico, de que en el valle de Supe se había descubierto un lugar con rasgos de civilización de 4,500 años de antigüedad. Una arqueóloga, de nombre Ruth Shady Solís, presentaba las primeras pruebas de carbono 14, realizadas en un tejido hecho de totora, usada para elaborar bolsas para cargar piedras.

Eduardo viajó a Caral y vio media docena de cerros llenos de arena que daban indicios de ser pirámides. Entabló conversaciones con Ruth Shady y se dio cuenta de que había más pirámides hacia el mar, hacia el sur y hacia el norte. Se enteró también de que, unos 40 km adentro, había una decena de pequeñas ciudades como Caral.

Cuando fue a Huaca Prieta, los científicos decían a Eduardo: "¿Qué hacemos con este sitio? Es una cosa rara, única…". Ahora se sabe que es de la misma época que Caral. En efecto, innumerables sitios arqueológicos tienen "plazas hundidas", las que son señales de la cultura Caral. Luego viajó a la Galgada, en Chimbote, y observó otros lugares con los indicios caralinos.

Desde entonces, Eduardo se entusiasma cuando habla de Caral. "Para hacer una pirámide de ese tamaño se necesita mucha gente. El diseño, la altura, la forma y el lugar donde se les ha construido, vienen de la inteligencia, de la ciencia y, al mismo tiempo, de la teología. Tiene que haber jefes, organización, economía, comercio. Es decir, civilización", dice con la seguridad de un arqueólogo profesional.

En suma, el éxito del proyecto Caral es fruto de uno de los pocos esfuerzos peruanos de cooperación entre la empresa y la academia. Con más ejemplos como este, el Perú podría empezar a ver el futuro con optimismo.

(*): Miembro de la Academia Nacional de Ciencias del Perú.