Los transgénicos y el sentido común

Escribe Modesto Montoya (*)
Reportes CienciaPerú
11 de abril del 2010

Modesto Montoya

Con un poco de sentido común, basándonos en la abundante información empírica, cada uno de nosotros puede llegar a sus propias conclusiones sobre riesgos que conllevan los alimentos transgénicos y los no transgénicos. Las interrogantes que nos planteamos son las siguientes ¿Consumir productos transgénicos es más riesgoso que consumir productos transgénicos? ¿Conllevan los frutos naturales menos riesgos que los producidos en los laboratorios?

Como base para nuestro análisis, recordemos que los frutos naturales pueden tener alguna de las siguientes principales propiedades: a) nutritivas, b) curativas, c) nutritivas y curativas (nutracéuticas), d) venenosas (dependiendo de las dosis que se consume), y d) nutritivas con pequeñas cantidades de sustancias tóxicas.

Las propiedades de una planta y sus productos se deben a la composición de la macromolécula ADN, compuesta por un conjunto de genes, responsables de las propiedades de las plantas.  El ADN se repite en cada una sus células. La composición de la molécula de ADN ha sido producto de cambios al azar, a partir de una serie de composiciones anteriores, y a la selección natural, la que eliminó las que no eran viables.

Actualmente, en el Perú se busca propiedades curativas de algunas plantas. En realidad se busca identificar las moléculas responsables de esa propiedad, de modo que se les pueda sintetizar. Pero también se identifica las moléculas que tienen efectos dañinos para la salud. La investigación busca determinar la dosis curativa o dañina, respectivamente, para el paciente o el consumidor.

Los cambios naturales del ADN se deben a la interacción con su entorno. La radiactividad natural, por ejemplo, es uno de los agentes de cambio del ADN. Si una molécula de ADN, dañada por la radiactividad, se recompone con cambios viables para esa, se obtiene una planta diferente, generadora de frutos que pueden adquirir una de las propiedades arriba mencionadas.
 
Debido a su mayor intensidad, la radiactividad artificial  induce cambios en las plantas con mayor rapidez que la producida por la radiactividad natural. Lo que a  la naturaleza le toma siglos o milenios, en el laboratorio se logra en pocos años. En el Perú hay granos mejorados con esta técnica (cebada, trigo, entre otros). ¿Cómo se ha hecho? Se ha irradiado una gran cantidad de semillas de la planta, la que luego fue sembrada. Cuando surgieron las nuevas plantas, se escogieron aquellas que tenían mejores propiedades (más grandes, más resistentes al frío o al estrés hídrico, más productivas, etc.) o aquellas que dieron frutos con mejores propiedades (nutritivas o curativas). Pero junto con esas propiedades por las que se les ha escogido, los productos mutados pueden haber adquirido, además, una de las propiedades dañinas o beneficiosas arriba descritas para los productos naturales..

Finalmente, veamos el caso de los transgénicos. Si en lugar usar radiactividad para generar cambios al azar en el ADN de una planta, se le introdujera un gen responsable de una propiedad beneficiosa de una planta de otra especie, se espera que la nueva planta adquieran esta propiedad. Sin embargo, no hay razón para descartar efectos no esperados que se generen por la interacción entre el nuevo gen y los otros dentro en el mismo ADN (efectos multigénicos). Estos efectos secundarios podrían ser dañinos, inocuos o beneficios para la salud del consumidor, como sucede con los efectos de cambios naturales.

En suma, basados en el hecho de que, además de las propiedades mejoradas esperadas y producidas por la introducción de genes de otra especie, pueden surgir otros efectos, los  productos transgénicos conllevan igual nivel de riesgo para la salud que los productos naturales, con la diferencia de que los transgénicos tienen los cambios esperados que le añaden valor.

En ese marco, lo que conviene a los consumidores es que se investigue los efectos secundarios de todos los alimentos que consumimos, transgénicos y no transgénicos. Como producto de esa investigación, es probable que se descubra propiedades hasta ahora desconocidas, tanto en los productos naturales como en aquellos producidos en el laboratorio.

Asimismo, aparece la necesidad de que todo producto –sea o no transgénico- lleve etiquetada la información sobre los procesos que ha seguido su producción. Por ejemplo,  en la sección verduras es importante que se señale el tipo de aguas usadas para su regadío: en el Perú, algunos usan aguas servidas, lo que significa un verdadero riesgo para los consumidores.

Todos tenemos derecho a ser informados, en especial sobre los alimentos que consumimos. Pero, lo más importante es que tengamos los conocimientos básicos que nos permita interpretar la información que se nos proporciona, sin tener que limitarnos a creer en los promotores o detractores de algún tipo de producto alimenticio.

(*) Miembro de la Academia Nacional de Ciencias del Perú