El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en la reciente Cumbre sobre Seguridad Nuclear, ha logrado llamar la atención sobre el latente peligro de la dispersión incontrolada de material nuclear, al punto que se ha acordado actuar urgente y colectivamente por la seguridad física de ese material.
Los reactores nucleares brindan energía eléctrica sin emitir gases invernadero, por lo que se han convertido en la alternativa viable para mitigar el cambio climático, generando un renacimiento de la tecnología nuclear en el mundo industrializado, y en países en desarrollo como Argentina y Brasil.
Brasil tiene una matriz energética eléctrica de aproximadamente 90 000 MW de potencia instalada. En el año 1984 entró en operación la central nuclear Angra I (626 MW), en el 2000 le siguió el Angra II (1 350 MW) y está ahora en construcción el Angra III (1 309 MW). Además, Brasil tiene planeado construir varias otras centrales en los próximos veinte años.
Por su parte, Argentina tiene una potencia eléctrica instalada de unos 24 000 MW. En 1974 conectó a su red la central nuclear Atucha I (357 MW), en 1983 conectó Embalse (600 MW) y actualmente está concluyendo la construcción de la central Atucha II (692 MW). Asimismo, el Parlamento ha aprobado la construcción de una cuarta central, y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) tiene la habilitación para construir un reactor de 150 MW en el norte de Argentina.
Perú y Chile tienen reactores de investigación que no producen energía eléctrica, pero son fuentes de radiación neutrónica para múltiples usos.
Los reactores nucleares usan combustible nuclear que inicialmente no es altamente radiactivo. Sin embargo, la energía es producida por la fisión del uranio en fragmentos que sí lo son. De modo que, después de agotado, el combustible se convierte en desechos de altísima peligrosidad. Las dosis elevadas de radiactividad incrementa la tasa de cáncer en la población.
El principal temor, en los países que tienen reactores nucleares, es que los combustibles usados sean sustraídos por elementos terroristas, para crear pánico en las ciudades, en las que eventualmente puedan dispersarlos.
Por ello, desde hace una década, Estados Unidos está otorgando cooperación técnica para instalar sistemas de seguridad física de material nuclear en países en desarrollo. Con ello se evita robos de combustible nuclear. También se aplica estos sistemas en materiales radiactivos usados para fines médicos o industriales, los que igualmente pueden ser usados para generar pánico, mediante las llamadas bombas sucias. Ello se enmarca en la Iniciativa para la Reducción de la Amenaza Global (GTRI) promovido por Estados Unidos.
Una de las formas menos costosas para Estados Unidos de evitar ese riesgo es llevar a su territorio los combustibles usados, los que, por otro lado, constituyen material de alto riesgo para los países en desarrollo que no tienen repositorios para su disposición final. Dicho sea de paso, esos repositorios cuestan miles de millones de dólares.
En ese marco, la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN) ha retirado y enviado a los Estados Unidos de América, los elementos combustibles gastados de alto enriquecimiento (HEU) de los reactores nucleares de investigación RECH-1 del Centro de Estudios Nucleares de la Reina como, también, del Reactor Nuclear RECH-2 del Centro de Estudios Nucleares de Lo Aguirre. Además, 133 fuentes radiactivas en desuso. Los combustibles removidos fueron 13,9 kilos de uranio de alto enriquecimiento del RECH-1 y 4,3 kilos del RECH-2. Según la CCHEN, en los años 1996 y 2000, respectivamente, se hizo otros envíos. Asimismo, Perú ha enviado fuentes radiactivas usadas a Estados Unidos. Cabe mencionar que este país solo recibe material radiactivo que haya sido producido en su territorio.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con apoyo de Estados Unidos, ha capacitados expertos en seguridad física, los que instalan, mantienen y controlan los dispositivos electrónicos con tecnologías de información y comunicación adecuadas para una información inmediata del peligro. El Prof. Edgar Medina, del IPEN, es en el Perú el experto entrenado por el OIEA para esos fines.
Con excepción de India, Pakistán e Israel, los países han firmado un Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Sin embargo, se teme que algún país firmante intente construir un explosivo nuclear, a partir de combustible altamente enriquecido, que es usado en algunos reactores. Pero también se teme que alguno de estos países domine la tecnología de enriquecimiento de uranio para fines militares.
Mirando al futuro, los países desarrollados han iniciado el proyecto Generación IV, dedicado al desarrollo de reactores nucleares más seguros, menos contaminantes y con menores riesgos de desviaciones hacia usos militares. En este proyecto están participando Argentina y Brasil, los países líderes nucleares en América del Sur.
Por su parte, los físicos nucleares del Perú ratifican su voluntad de seguir por la ruta de la paz nuclear. Y, recientemente, con ese mismo espíritu, científicos peruanos e investigadores de los mayores centros nucleares del mundo, amigos del Perú, han creado la Academia Peruana de Ciencias Nucleares.
(*) Coordinador de la Academia Peruana de Ciencias Nucleares |