En la década de los 80s, los gremios empresariales veían la ciencia y la tecnología como temas esotéricos, lejanos a sus preocupaciones, las que se limitaban al pago de las planillas. Durante los 90s, luego del Consenso de Washington, se empezó a vivir los efectos de globalización, caracterizada por ruda competencia mundial tecnológico-comercial. A mediados de los 90s, se empezó a tomar conciencia del valor de la ciencia y la tecnología. En los primeros años del siglo XXI, el tema de la innovación entró a los foros empresariales. Hoy, Ricardo Briceño, presidente de la CONFIEP, manifiesta claramente la necesidad de innovación; y el CADE 2010 ha invitado a Michael Porter, el economista norteamericano que, a fines del 2009, dijo que los empresarios peruanos no estaban invirtiendo en conocimiento.
El convencimiento de los empresarios peruanos sobre la importancia de la innovación no está acompañado de inversiones significativas en investigación. El Programa de Ciencia y Tecnología (FINCyT), el que financia proyectos que contribuyen al mejoramiento de los niveles de competitividad del país, ha tenido que hacer una intensa campaña para lograr que algunas empresas presenten proyectos.
Respecto al financiamiento que ha otorgado el FINCYT, en el marco del Programa de Ciencia y Tecnología, existen dificultades que provienen de las universidades y organismos públicos de investigación, los que no incentivan a sus investigadores para que presenten proyectos. El FINCYT, asumiendo que estas instituciones brindan remuneraciones adecuadas a los investigadores principales de los proyectos que subvenciona, no toma en cuenta ingresos económicos adicionales para ellos. Un profesor de universidad estatal tiene que hacer trabajo suplementario remunerado para mantener decorosamente a su familia.
Peor aún, la falta de una carrera del investigador científico y tecnológico ni siquiera permite pensar en un ascenso del investigador que trabaja en un organismo público de investigación que hace méritos llevando a cabo un proyecto subvencionado por el FINCYT. Esta situación ha descorazonado a algunos investigadores de instituciones estatales que desearían realizar proyectos de innovación.
Ahora se tiene el Fondo de Investigación y Competitividad (FIDECOM), el que cuenta con 200 millones de soles. Este fondo está dirigido a la Empresa, la que es llamada a ser el motor de la innovación. Cada día es más claro que si un país quiere crecer sostenidamente tiene que invertir más en ciencia, tecnología e innovación; pero, sobre todo, debe contar investigadores competitivos e incentivados.
En estos tiempos en los que se está gestionando un segundo préstamo del BID para el Programa de Ciencia y Tecnología, y se tiene el FIDECOM, es urgente establecer la carrera del investigador, la que permita: i) el ascenso de aquellos que trabajan bien ii) la penalización de los trabajan mal e iii) el ingreso de nuevos investigadores.
Por otro lado, para gastar menos en burocracia y reorientar los recursos hacia la ciencia y la tecnología, debe optimizarse el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, elevando el CONCYTEC al nivel de Ministerio, encargándole la administración de todos los organismos públicos de investigación para no multiplicar gastos administrativos.
Los empresarios difícilmente arriesgarán su capital invirtiéndolo en un sistema ineficiente con profesionales desincentivados. El Estado no debe mantener en esa situación. El Perú no puede seguir esperando: estamos en el siglo del conocimiento científico y tecnológico.
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