Indiferencias que retrasan
Escribe Modesto Montoya

Revista del Club Empresarial. Año 7.
Números 48-49. Septiembre- Octubre 2010

Modesto Montoya

En el Perú, desde hace tres décadas, hemos estado organizando eventos sobre políticas en ciencia y tecnología, los que usualmente, y erradamente, han sido vistos como un asunto que interesa sólo a científicos. Este año, y como todos los años, el calendario científico ha visto transcurrir numerosos debates organizados por diversas instituciones gubernamentales y privadas; sin embargo, y como siempre, “hubo mucho ruido y pocas nueces”: no se ha dicho nada nuevo, salvo lo mencionado por el Dr. Agustín Haya de la Torre, presidente del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN) quien, en la inauguración del Encuentro Científico Internacional 2010 de invierno (ECI 2010i), planteó la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología para que se encargue de impulsar este sector tan transversal como estratégico y tan importante para tener un crecimiento sostenible.

Muchos se preguntarán qué tan importante es esto. Y yo digo que en aras de una nueva y prometedora representación de la ciencia peruana, ello sería importantísimo. Así, de paso, en cada discurso por Fiestas Patrias, el presidente de la República estaría obligado a dar cuenta del estado científico y tecnológico del país, hablar de cuanto se ha invertido en él, de cuantos nuevos científicos han sido descubiertos y apoyados por el Estado, cuantos nuevos avances han sido prodigados por manos nacionales. Y eso, de por sí, sería un gran avance. ¿O es que nadie se da cuenta que en la medida en que nosotros produzcamos nuestro propio conocimiento científico o tecnológico, creceremos como nación, y dejaremos de ser importadores para ser exportadores.

Sin embargo, todo parece ser igual que siempre. Hay intenciones, pero falta voluntad política. Después de décadas, como en cada certamen que trata este tema, las propuestas son las mismas: definir los campos prioritarios de innovación, articular a los agentes potencialmente involucrados, formar masa crítica de científicos e tecnólogos, y más recursos para adquirir equipos y reclutar talentos en esos campos. Pero es todo. Hay .muchas propuestas, pero nadie que dirija o solucione las taras.

El problema es que no existe una ventanilla donde dejar las propuestas ni tampoco queda claro cuál sería el sector que las ejecute.  Lo peor es que aunque lo hubiera, de seguro el ministerio encargado (donde todos tienen su organismo relacionado con la ciencia y la tecnología) no les presta importancia, ya que usualmente ni sus mismos titulares comprenden bien el tema.

Mientras tanto, cientos de mentes brillantes buscan que alguien invierta en sus conocimientos. En el último ECI, por ejemplo,  convergieron científicos y tecnólogos peruanos  de primer nivel provenientes de los mejores laboratorios del mundo. Entre ellos estuvieron Karim Salazar, egresada de La Molina y doctoranda  de la Universidad de Texas (Estados Unidos) bajo la dirección del prestigioso científico Jorge Seminario, experto en la elaboración de moléculas que pueden detectar gases tóxicos o células cancerígenas. También vino Luciana Amado de la Universidad de Illinois, bióloga molecular, experta en análisis de moléculas involucradas en la división celular y en evolución de la vida. En otros países , ellos son mentes codiciadas, pero aquí…
 
Lo más triste es que estas mentes quieren hacer patria, ayudar al crecimiento del país. Luciana, por ejemplo, quiere trabajar en un laboratorio del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología (SINACYT). Pero este organismo tiene prohibido reclutar nuevos científicos para el Estado. ¿Por qué? La razón es que no hay una ley especial -como la que tienen los militares, policías, jueces y diplomáticos- que permita nombrar nuevos hombre en los laboratorios del Estado.

Luciana, buscando revertir la situación, conversó con el Ministro del Ambiente, el doctor Antonio Brack (como bien puedo haber hecho con el de Justicia o del Interior, o con una empresa que quiera generar riqueza a partir de biodiversidad peruana), quien amablemente le dijo “Veremos qué podemos hacer”.

El país, mientras tanto,está perdiendo a una mente que domina técnicas que tienen aplicación en cualquier sector de la economía nacional. Una indiferencia que sin duda, más que criticar, duele ¿Cuándo cambiaremos esta situación?