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  • Sana competencia ¿Nos ganará Chile?
    Escribe Modesto Montoya
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    y suscribe la carta de apoyo al presidente Humala y su promesa de creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología
    Mientras el presidente de la Academia Chilena de Ciencias
    (http://www.academia-ciencias.cl/wp/?p=1996)
    y los científicos chilenos
    (http://www.anip.cl/prensa/investigadores-de-postgrado-exigen-creacion-del-ministerio-de-ciencia-y-tecnologia/
    http://www.anip.cl/articulo/chile-necesita-un-ministerio-de-ciencia-y-tecnologia/)
    demandan un ministerio de ciencia y tecnología en su país, el tema en el Perú se ha convertido en asunto de los economistas de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

    Informe BID
    (http://idbdocs.iadb.org/wsdocs/getdocument.aspx?docnum=36526246)
    Según el informe del BID, el advenimiento de la política estratégica y la articulación ha traido consigo la necesidad de una nueva gobernanza institucional para las políticas de innovación. La necesidad de coordinación ha llevado a algunos países a crear nuevas entidades para la promoción y gestión de las políticas de innovación. Algunos ejemplos son la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnologia e Innovación en algunos países, la elevación de los consejos nacionales al nivel de los ministerios, en otros, la aparición de consejos de innovación y de competitividad y una reorientación de  consejos de ciencia y tecnología con un mayor énfasis en la coordinación dentro y entre sectores. Bajo este enfoque, la discusión, colaboración y coordinación entre el gobierno y la industria son elementos clave para el diseño e implementación de políticas. Las políticas se acuerdan a través de un consenso político y la coordinación, permitiendo y asegurando la aplicación efectiva y consistencia en el tiempo.
    Los analistas del BID sobre políticas en ciencia y tecnología reconocen que no hay una talla única para todos los modelos de gobierno con respecto a la política de innovación. La necesidad de repensar la gobernanza institucional de la política de innovación es una tarea de cada país. Soluciones institucionales dependen de las peculiaridades del marco institucional de cada país.
    El mencionado informe tiene como referencia peruana al ingeniero industrial Francisco Sagasti.

    Informe UNCTAD
    (http://www.unctad.org/sp/docs/dtlstict20102_sp.pdf)
    El estudio de la UNCTAD estuvo dirigido por el economista Angel González Sanz y coordinados por los economistas Marta Pérez Cuso y Sebastián Rovira. Los informes de base para el examen fueron realizados por el consultor López Martínez (doctor en la Escuela de Negocios de la Universidad de Manchester), el economista Guillermo Rozenwurcel, el ingeniero industrial y economista Fernando Villarán y la economista Romina Sol Golup.

    En la seccion insumos del mencionado informe se menciona que las cifras disponibles sobre la inversion en I+D en el Perú muestran que el porcentaje, y la variacion anual,  de los recursos financieros destinados a esta actividad es estadisticamente muy pequenha. Esto refleja el escaso esfuerzo que los actores sociales en general, y los gobernantes y el empresariado peruano en particular, le asignan a la promoción del desarrollo científico y tecnológico nacional (Sagasti, 2009; Kuramoto y Torero, 2004).

    Se menciona los datos de la Red de Indicadores Científicos de America Latina (RICYT), según los cuales, durante el año 2004 la inversión en este rubro con relación al PIB en el Peru fue apenas de 0,15%, muy por debajo de otros países latinoamericanos y del promedio latinoamericano (Sagasti, 2009).

    Se dice, además, que las actividades de generación de conocimiento a través de laboratorios de I+D privados son prácticamente nulas, concentrándose éstas en institutos y organismos públicos de investigación y servicios, así como en las universidades. Los primeros son, con algunas excepciones, de reciente  creación (alrededor de 40 o 50 años) y han sufrido diversas turbulencias organizacionales y de financiamiento desde la década de los setenta hasta la fecha (Sagasti 2003).

    En relación con el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología se señala que la República del Perú tiene una fuerte tradición legalista (Kuramoto 2006).
    Los expertos UNCTAD también han tomado en cuenta los trabajos de otros economistas peruanos, como Mercedes Aráoz, quien enfatiza el crecimiento economico del Perú, que da a entender que como estamos vamos bien.

    Los mencionados informes no recomiendan la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnologia, como tampoco lo hacen los analistas peruanos involucrados en su elaboración, los que incluso siempre se han opuesto a esa posibilidad. En cambio, los científicos, que viven el problema diariamente,  están mayoritariamente por un ministerio que sea responsable de impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación en el Perú. Como en el caso de Chile, más del 90% están por ello.

Notas chilenas sobre el tema, tomados de www.mascienciaparachile.cl



Presidente de la Academia destaca necesidad de crear un Ministerio de Ciencia y Tecnología en Chile http://www.academia-ciencias.cl/wp/?p=1996

  • La actividad reunió a parlamentarios y científicos y fue realizada en el ex Congreso Nacional.
En el marco de la jornada “Hacia una institucionalidad pública para el desarrollo de las ciencias en Chile” organizada por el movimiento ciudadano Más Ciencia para Chile, el presidente de la Academia Chilena de Ciencias, Juan A. Asenjo, fue claro en señalar la importancia de crear un Ministerio de Ciencia y Tecnología que asesore en esta materia a los poderes del Estado.
En su intervención, el profesor Asenjo indicó que todos aquellos países que han alcanzado el desarrollo, como Korea, Australia, Finlandia, entre otros, han invertido y creado una institucionalidad sólida en Ciencia y Tecnología. Y si bien en Chile la inversión en esta área sólo alcanza el 0,4 por ciento del PIB, se realiza ciencia de gran calidad, incluso, por sobre de países como Brasil, Argentina y México. “La ciencia chilena es de primer orden y eso es algo que la sociedad chilena no sabe, de hecho, piensan que la ciencia se hace en Europa y EEUU”, señaló Asenjo.
Sin embargo, pese al alto nivel que alcanza Chile en materia de calidad y productividad, faltan científicos que se dediquen a la investigación. Según datos entregados por el presidente de la Academia, en la actualidad el número de científicos en nuestro país sólo llega a 4 mil, cuando debería haber, por lo menos, el doble de ellos.
Para el profesor Juan Asenjo, un Ministerio de Ciencia y Tecnología debería tener entre sus tareas el de asesorar al Presidente de la República; generar y proponer políticas y estrategias; impulsar la ciencia básica y aplicada y la formación de investigadores; incentivar el diálogo y los mecanismos de interacción entre los actores en investigación e innovación y coordinar las instituciones, entre otras.
Junto con el profesor Asenjo, participaron en la mesa de discusión Katherine Villarroel, secretaria ejecutiva del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC), Conrad Von Ingel, jefe de la División de Innovación del Ministerio de Economía, entre otros actores vinculados al quehacer científico chileno.

Esta entrada se publicó , el Jueves, 1 de Septiembre de 2011 a las 00:26 horas y está guardada en Noticias. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada en el RSS 2.0. En este momento no se permiten comentarios, pero puedes enviar un trackback desde tu propio sitio.

Chile necesita un Ministerio de Ciencia y Tecnología

Publicado el 24 de mayo de 2010

“Quien vive temeroso, nunca será libre”
Horacio

Independiente de esta situación de catástrofe nacional que involucra y enluta a todos los chilenos, la misma no pasa de una situación coyuntural, que no puede impedirnos de ver y pensar sobre el futuro. Sin maniqueísmos y retóricas desgastadas, tenemos que dejar un espacio para la reflexión y la crítica sincera. Los antiguos romanos decían que la sinceridad es la madre de todas las virtudes.

Es primordial que los gobiernos se preocupen por la ciencia, tecnología e innovación como instrumentos de superación de los problemas económicos y sociales. Justamente esta pesadilla que está viviendo actualmente el país puede ser la oportunidad para despertar y replantear el Chile que queremos para mañana: socialmente justo, económicamente fuerte, ambientalmente sustentable, políticamente democrático, éticamente aceptable y científicamente innovador.

Si diéramos una mirada a la pauta de exportaciones chilenas vamos a constatar que los dólares que entran al país provienen de productos del mar, de los agronegocios (agricultura/silvicultura), de la minería y eso sería. Una de las consecuencias de ese modelo exportador de materias primas o commodities es simplemente la falta de parques industriales en nuestro país con la consiguiente falta de trabajo. No en vano el estado chileno presenta cerca de 100 mil trabajadores a contrata y honorarios, cuando no deberían pasar del 20% del personal de planta (¿cuoteo?).

Mientras ese sea el modelo exportador que tengamos, hay que arar con los bueyes que poseemos. Lo que nos queda es mejorarlo, y mejorarlo significa nada más y nada menos, que crear condiciones para colocarle valor agregado a esos productos, independiente de otras iniciativas para diversificar nuestra producción y aumentar la oferta de trabajo en el país.

Dentro de estas circunstancias si yo tuviera que invertir dinero en investigación y tecnología, lo haría, por una cuestión de lógica, en las tres áreas mencionadas más arriba, porque ahí está la gallina de los huevos de oro, esto es, la fuente de dólares que nos permiten mantener nuestro comercio exterior y nuestra economía a flote.

Esos tres rubros serían el foco, así la biotecnología, nanotecnología, informática y otras tecnologías tendrían como ejes temáticos el mar, los agronegocios y la minería. Ahí colocaría mis fichas porque veo retorno. Fichas significa capacitar recursos humanos y fortalecimiento de una plataforma científica y tecnológica que promueva la innovación y, por lo tanto, la competitividad. La competitividad significa vender productos de buena calidad y disputar mercados en esta economía global, en la cual estamos insertos.

El mundo necesita consumir alimentos, pero prácticamente toda América Latina produce alimentos, entonces la competencia será fuerte en este siglo XXI. Así, venderá más, quien esté mejor preparado, posea buenas tierras, agua, energía y tecnología para generar productos con valor agregado. Vender una uva sin agro tóxicos, por ejemplo, contra la polilla de la uva (Lobesia brotana) o contra Botrytis (hongo) es posicionar un producto competitivo en el mercado. Tener foco es saber decir que no, esto es, evitar tentaciones, dispersiones, etc. Los recursos de nuestro país no son tan abundantes como para financiar tanta investigación, aún menos investigación fragmentada y aislada de un contexto nacional o de metas nacionales.

La investigación en el país tiene que plantearse metas nacionales, por ejemplo, en materia de energías alternativas, la energía solar. Surge el problema del almacenamiento de ésta, por lo tanto, el litio debería ser intensamente investigado para producir baterías durables. Esto sería un buen ejemplo de cómo la ciencia impactaría la economía del país, creando empleos, generando divisas y desarrollando una industria manufacturera. Quedé impresionado con laSiemens al saber que en 2008 facturó 77 mil millones de euros en todo el mundo, vendiendo equipamientos y sistemas en las más diversas áreas del conocimiento: salud, energía y electrodomésticos.

¿Hasta qué punto la industria del cobre ha desarrollado en el país una industria paralela de tecnologías, equipamientos y “know-how” suficientemente competitiva a nivel internacional? En Noruega el dinero del petróleo justamente hizo eso, creó y desarrolló una complementaria y potente industria paralela de equipamientos.

Para desarrollar la ciencia y la tecnología, Chile debe disponer de un banco estatal y un ministerio de ciencia y tecnología. El banco estatal existe y se llama Corfo. Justamente los bancos estatales nacen en Europa para industrializar y dar crédito a la industria arrasada de la post-guerra. Líneas de créditos para proyectos de expansión y promoción de la innovación tecnológica, de parques industriales son el objetivo, pero su gestión debe ser eficiente, sin burocracia ni preconceptos ideológicos. No sé si este es exactamente el caso de Corfo a lo largo y ancho de su historia. En Brasil, la Corfo de allá levantó y estimuló el desarrolló del agronegocio del etanol a partir de la caña de azúcar. Hoy en día tal agronegocio es ejemplo mundial de producción y competitividad y está totalmente restricto al área privada. Eso fue posible porque el banco estatal financió investigaciones en el área agronómica, ingeniería industrial y levaduras.