MODESTO MONTOYA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OPTIMIZACIÓN DEL SISTEMA PERUANO

DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2006

 

 

 

 

AGRADECIMIENTOS

 

Un grupo de colegas se reúne todos los sábados, en el local del Colegio de Ingenieros del Perú,  para enterarse de los avances de las investigaciones en el país, y para buscar la forma en que la ciencia y la tecnología se conviertan en un pilar para el desarrollo del país. A todos ellos, que brindan parte de sus horas de esparcimiento para pensar por el Perú, expreso mi agradecimiento, pues ha sido allí, en esas reuniones, donde ha surgido la idea del presente trabajo, que contiene propuestas que consideramos necesarias para optimizar el uso de los escasos recursos para ciencia y tecnología con los que cuenta el país.

 

Asimismo, el privilegio de trabajar en el Instituto Peruano de Energía Nuclear nos ha permitido conocer, en la práctica, cómo impulsar la ciencia y la tecnología respetando las normas vigentes. Este texto contiene, en parte, el trabajo realizado por las diversas áreas del Instituto Peruano de Energía Nuclear, por lo que agradezco las opiniones e informes sobre las actividades que me han alcanzado sus responsables, entre los cuales están Aurelio Arbildo, Walter Estrada, Juan Rodríguez, Marco Espinoza, Blanca Torres, José Espinoza, Ysabel Montoya, Conrado Seminario, Manuel Castro, David Carrillo, Roque Cano, Germán Mendoza, Mario Mallaupoma, Carlos Sebastián, Rubén Rojas, Jacinto Valencia, Tony Benavente, Marco Linares, Enma Castro, Agustín Zúñiga, Santiago Regalado, entre otros.

 

Finalmente, agradezco a los miembros del Consejo Directivo del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica, quienes con su amplia experiencia me han mostrado las diversas maneras de enfrentar los retos de la gestión del desarrollo científico y tecnológico.

 

CONTENIDO

 

RESUMEN

 

I

LA ERA DEL CONOCIMIENTO

 

LA CARTA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA TECNOLÓGICA

LA FRONTERA SIN FIN DE ESTADOS UNIDOS

PUBLICAR O PERECER

LA POTENCIA DEFIENDE SUS INVENTOS

LA CIENCIA EN EL ESPACIO PARA APLICACIONES TERRESTRES

EL INTERÉS CIENTÍFICO Y TECNOLÓGICO EN LOS COMETAS

LA INDIA APUESTA POR LA TECNOLOGÍA

COOPERACIÓN INTERNACIONAL: CASO DE LA FUSIÓN NUCLEAR

PERÚ INDUSTRIAL SIN INVESTIGACIÓN

 

II  EL PERÚ Y LA COMPETIVIDAD

 

EN BUSCA DE PROBLEMAS POR RESOLVER

EN BUSCA DE SOCIOS PARA INVESTIGAR

LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA NUCLEAR PARA LA COMPETITIVIDAD

LA CIENCIA Y TECNOLOGÍAS NUCLEARES EN EL PERÚ

RADIOISÓTOPOS Y LA MEDICINA NUCLEAR EN EL PERÚ

RADIOINMUNOANÁLISIS

PRUEBAS FISIOLÓGICAS

RADIOTERAPIA

IRRADIACIÓN DE ALIMENTOS

ANÁLISIS QUÍMICOS

OPTIMIZACIÓN DE PROCESOS USANDO TRAZADORES

RADIOGRAFÍAS NUCLEARES

CONTROL DE RIESGOS DE LA MINERÍA

BIOMINERÍA

DESPUNTE DE LA MINERÍA DEL URANIO

TÉCNICAS NUCLEARES EN BENEFICIO DEL MEDIO AMBIENTE

CICLO HIDROLÓGICO

RECURSOS HÍDRICOS

CIENCIA DE MATERIALES

MEJORAMIENTO GENÉTICO DE LA FIBRA DE ALPACA

MEJORAMIENTO GENÉTICO DEL ALGODÓN

 

III LA COOPERACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA

LOS INSTITUTOS COMO ELEMENTOS DE INTEGRACIÓN

CENTRO NACIONAL DE GENÓMICA

COOPERACIÓN INTERINSTITUCIONAL PARA LA EDUCACIÓN

EL CENTRO NUCLEAR AL SERVICIO DE LA INTEGRACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA

LOS PIONEROS DE LA COOPERACIÓN PERÚ-BRASIL: CIENCIA TRANSMAZÓNICA

LA COOPERACIÓN REGIONAL EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA

CIENTÍFICOS PERUANOS EN EL MUNDO

REDES INTERNACIONALES

 

IV OPTIMIZACIÓN DEL SISTEMA NACIONAL DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA

 

POLÍTICA CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DEL PERÚ

LEY MARCO 28303 DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN TECNOLÓGICA

ARTICULACIÓN DEL SISTEMA NACIONAL DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA

MINISTERIO DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN

GRUPO OCUPACIONAL DE INVESTIGADORES CIENTÍFICOS Y TECNOLÓGICOS

PERSPECTIVAS DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA EN EL PERÚ

 




RESUMEN

 

En el Perú, la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) -dedicada a investigaciones sobre enfermedades de altura y enfermedades tropicales, y el Instituto Geofísico del Perú (IGP) –dedicado a investigaciones sobre la ionósfera– son las instituciones con mayor número de publicaciones científicas y tecnológicas. Según los directivos de la UPCH y del IGP, este hecho se debe, en gran parte, al financiamiento del exterior y a los incentivos que ello significa para los profesionales que las llevan a cabo.

 

El Perú definió sus áreas estratégicas de investigación al crear las instituciones especializadas como la Comisión Nacional de Investigación y Desarrollo Aeroespacial (CONIDA), el Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos (CONACS), el Instituto Antártico Peruano (INANPE), el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) el Instituto del Mar del Perú (IMARPE), el Instituto Geofísico del Perú (IGP), el Instituto Geológico Minero y Metalúrgico (INGEMMET), el Instituto Nacional de Becas y Crédito Educativo (INABEC), el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el  Instituto Nacional de Investigación y Extensión Agraria (INIA) el Instituto Nacional de Investigación y Capacitación de Telecomunicaciones (INICTEL), el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA), el Instituto Nacional de Salud del Perú (INS) el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), el Instituto Tecnológico Pesquero del Perú (itp), el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI) y el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA), las que conforman el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología (SINACYT), encabezado por el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CONCYTEC).

 

Sin embargo, debido a que las mencionadas instituciones fueron adscritas a diferentes sectores, la estrategia no pudo aplicarse en forma óptima, coordinada y eficiente. Por ejemplo, cada una de ellas, por pequeña que sea, tiene un aparato administrativo que consume cerca del 50% de los recursos que le asigna el Estado. Para agravar la situación, las sucesivas leyes de presupuesto impiden contar con una masa crítica de investigadores en cada línea estratégica.

 

En ese marco, proponemos la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (MICITI) que integre a los miembros del SINACYT, especialmente a sus aparatos administrativos, y reoriente sus esfuerzos hacia los procesos de investigación y desarrollo.

 

Se propone, además, que se establezca el Grupo Ocupacional del Investigador Científico y Tecnológico (GOCYT), al que deberá exceptuarse de las prohibiciones de contratación y nombramiento, como es el caso para los militares, policías, diplomáticos y jueces, entre otros. De esa manera, los profesores universitarios y jóvenes profesionales con vocación y aptitud para la investigación, podrán fortalecerse y alcanzar mejores resultados en el SINACYT.

 

En consecuencia, necesitamos un SINACYT eficiente, capaz de generar patentes y propiedad intelectual. No podemos postergar el desarrollo del Perú.

 

I LA ERA DEL CONOCIMIENTO

 

LA CARTA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA TECNOLÓGICA

 

El año 2005 fue declarado el “Año Internacional de la Física” en conmemoración del centenario de los descubrimientos científicos que hizo Albert Einstein en 1905. Su contribución científica ha sido reconocida por todos. Sin embargo, poco se ha dicho sobre la trascendencia de la carta (2 de agosto de 1939) mediante la cual Einstein informó al presidente de Estados Unidos sobre el riesgo de que, en plena Segunda Guerra Mundial, Alemania construyera una bomba atómica basada en el fenómeno de la fisión nuclear descubierto en Berlín a fines de 1938.

 

En realidad, cuando Alemania suspendió la venta de minerales de uranio –evidenciando con ello sus planes nucleares-, el científico Leo Szilard, preocupado por la pasividad de Estados Unidos, convenció a su amigo Albert Einstein –luego de fracasar en su intento con Enrico Fermi- para que escribiera la ahora famosa carta. Los físicos norteamericanos dudaban de del alcance real de la bomba atómica, a pesar de que los diarios se referían a las potencialidades de la energía nuclear.

 

En dicha carta, Einstein describió el poder destructivo de una bomba atómica y sugirió que Estados Unidos asignara los recursos necesarios para que la construyera antes que Alemania. El trabajo se haría con la colaboración de los científicos europeos que contaban con el conocimiento nuclear necesario. Así nació el Proyecto Manhattan.

 

El director científico del Proyecto Manhattan fue Robert Oppenheimer. De padres inmigrantes alemanes, Oppenheimer hizo estudios de posgrado en Inglaterra, obtuvo su doctorado en Alemania, y conocía muy bien el medio científico europeo: era el nexo ideal para convocar a científicos europeos.

 

El proyecto alcanzó su objetivo en 6 años, demostrándose así el valor estratégico del conocimiento científico y tecnológico, lo que sirvió para que Estados Unidos iniciara un programa de atracción masiva de talentos en diversas disciplinas.

 

Otro campo estratégico en esos tiempos fue el de la tecnología espacial. Por ello, en 1945, cuando terminó la guerra en Alemania, Estados Unidos reclutó al experto alemán Wernher von Braun y a sus colaboradores, quienes continuaron sus trabajos de cohetería desarrollados en Alemania. Además, en 300 embarcaciones, Estados Unidos transportó a su país las partes que encontró en la planta de construcción de cohetes V2, que fueron usados para bombardear Londres durante la guerra.

 

En la actualidad, más de la mitad de los investigadores científicos residentes en Estados Unidos son extranjeros. Siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, varios países con visión estratégica han llevado a cabo programas de becas de maestría y doctorado, mediante los cuales escogen a los científicos más productivos que no deseen regresar a sus países de origen para invitarlos a quedarse en sus laboratorios.

 

Tal como lo predijo Albert Einstein, los países ganadores de la competencia por talentos han aumentado sus exportaciones de productos y servicios con base tecnológica; los otros se limitaron a la explotación de materias primas, quedándose rezagados, endeudados y empobrecidos. Hoy, tratando de seguir el ejemplo, nuevos países intentan entrar a la arena científica y tecnológica. Además de los ya conocidos, Japón y algunos de Europa, están avanzado rápidamente India, China, Israel e Irlanda.

 

LA FRONTERA SIN FIN DE ESTADOS UNIDOS

 

El proceso que siguió Estados Unidos muestra claramente el valor que le presta al conocimiento científico y tecnológico, que fue puesto al servicio de la defensa, de la salud pública y del desarrollo industrial generador de empleo. Entre 1942 y 1945 se presentó al Congreso norteamericano una serie de iniciativas tendientes a impulsar el desarrollo científico y tecnológico. En 1945, el Dr. Vannevar Bush, presenta al Presidente Roosevelt su informe "Ciencia: la frontera sin fin" y, en 1950, el presidente Truman funda la National Science Foundation (NSF), un organismo que financia y hace el seguimiento de proyectos de investigación en todos los sectores de la actividad humana.

 

Con Wernher von Braun y su equipo Estados Unidos inició un programa de cohetería, al que le prestó mucho apoyo. Sin embargo, ante el éxito del proyecto ruso Sputnik, en1958 Estados Unidos creó la Administración Nacional para la Aeronáutica y el Espacio (NASA), cuya función principal es llevar a cabo el programa espacial, consolidando el papel del Estado en el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

 

En 1993, el gobierno de Estados Unidos promulgó el Decreto de Desempeño y Resultados del Gobierno (GPRA), tendiente a mejorar la eficiencia y efectividad de las funciones de las Agencias Federales y Estatales, mediante resultados, calidad del servicio y satisfacción del cliente, considerando el planeamiento estratégico, los presupuestos, las metas y medidas de desempeño.

 

En ese mismo año, el presidente Clinton escribe el mensaje a la Nación “Ciencia; el recurso infinito”, anunciando la creación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (NSTC) para coordinar la I+D, que será parte del gabinete y dirigido por el propio presidente. En ese mensaje se enfatiza la relación de la investigación científica y tecnológica con los intereses de la población.

 

En 1995 se conoce que el plan estratégico de Estados Unidos propone impulsar las ciencias en relación con el bienestar de la población, para lo cual se pondría a disposición los recursos necesarios. En 1997 se publica el segundo plan estratégico denominado “Plan Estratégico NSF GPRA”, y en el 2001 el denominado Tercer Plan Estratégico, para el período 2001-2006. Este último define la visión de "asegurar el futuro de la Nación a través del descubrimiento, el aprendizaje y la innovación" y la misión de "promover el progreso de la ciencia para el avance de la salud de la población nacional, para la prosperidad y el bienestar; para la defensa nacional; y para otros propósitos". Estados Unidos toma la decisión de "invertir en las promesas de hoy para el logro del mañana", tomando en cuenta "personas, ideas y herramientas".

 

Según ese informe, la competitividad de un país se mide por la producción de bienes, su aceptación en el mercado internacional y por la mejora de la calidad de vida de su población.

 

PUBLICAR O PERECER

 

Personas e ideas significan conocimiento. La competitividad se logra con nuevos conocimientos y éstos son obtenidos con investigación permanente, la mayoría de cuyos resultados es publicada en revistas especializadas. Por ello, en los laboratorios universitarios e institutos públicos de Estados Unidos se promueve la investigación a través de la competencia por la supervivencia académica y profesional. En Estados Unidos se ofrece todas las posibilidades de financiamiento, las que pueden llegar a millones de dólares anuales por investigador. Al mismo tiempo, se impone la divisa “publish or perish”, que incita a los investigadores a publicar sus trabajos en revistas especializadas. Estas revistas son las depositarias del conocimiento de libre acceso, el que -aunque a un ritmo muy bajo- también es enriquecido con las contribuciones de los laboratorios de países en vías de desarrollo.

 

Con el conocimiento acumulado, añadido al generado por sus propias investigaciones, las empresas desarrollan procesos o productos que son patentados y ofrecidos en el mercado internacional. El éxito de las empresas dependerá de la aceptación de sus productos en el mercado internacional, en el que intervienen múltiples factores, sobre todo el poder económico.

 

Muchos investigadores se contentan con el placer de la investigación básica, buscando comprender la naturaleza. Eventualmente se hacen famosos e, incluso, se les pone como ejemplo por no haber sacado ningún provecho pecuniario de sus investigaciones. También hay investigadores que bucean en las revistas científicas, buscando cómo resolver problemas de interés mundial.

 

Hay empresas que no publican sus resultados antes de patentarlos. Los investigadores sacrifican fama y prestigio por mayores ingresos económicos, aunque las publicaciones pueden venir después, como una forma de mercadeo de sus productos.

 

LA POTENCIA DEFIENDE SUS INVENTOS

 

De acuerdo con su estrategia científica y tecnológica, en la que ha invertido ingentes recursos, Estados Unidos defiende los resultados de esos esfuerzos, concretados en patentes y propiedad intelectual. Así como antes se tenía claro el sentido de la propiedad territorial, cuyo reconocimiento se establecía en sendos tratados de límites, hoy, los tratados están centrados en la propiedad intelectual y en las patentes. Por eso es que Estados Unidos promueve el Tratado de Libre Comercio (TLC), para que los países que lo firmen, entre otras cosas, se comprometan a pagar por las aplicaciones de la ciencia y la tecnología desarrolladas por los equipos de científicos e ingenieros en los laboratorios norteamericanos. Es un tratado en el que ganarán los países que incentiven a los científicos, ingenieros y técnicos para generar patentes o materia de propiedad intelectual.

 

La mayoría de científicos e ingenieros que generan ese tipo de riqueza en Estados Unidos es originaria de países pobres, los que invirtieron enormes cantidades de recursos económicos en el sistema educativo que los seleccionó. Es parte de la flor y nata de la intelectualidad de los países pobres que hace actualmente la riqueza de los países ricos.

 

En tal sentido, el TLC debería considerar una compensación por el evidente beneficio y ventaja que tiene Estados Unidos con la contribución de talentos extranjeros. Los países miembros del TLC deberían contar con un organismo que financie proyectos de investigación científica, tecnológica e innovación en los países menos avanzados, al que podríamos llamar Organismo de las Américas para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación Tecnológica.

 

LA CIENCIA EN EL ESPACIO PARA APLICACIONES TERRESTRES

 

El nivel de competitividad de un país se alcanza con aplicaciones científicas y tecnológicas en todas las áreas del conocimiento, incluso en aquellas aparentemente alejadas de temas terrestres o comerciales. Esta realidad se puso de manifiesto ante la opinión pública durante la amplia difusión que se dio al trágico accidente del trasbordador Columbia, en 2003. En esa oportunidad se explicó ampliamente el carácter internacional y multidisciplinario de la ciencia espacial con participación del Estado, la empresa y la universidad.

 

La tripulación estuvo integrada por el ingeniero mecánico y piloto Rick Husband; el piloto de prueba, William C. McCool; el físico, Michael Anderson, responsable de la misión científica; el aviador y cirujano, David Brown, responsable de experimentos biológicos; la ingeniera aeroespacial de origen indio, Kalpana Chawla; la médica, Laurel Clark, responsable de experimentos biológicos; y el piloto israelí, Ilan Ramon. Durante los 16 días de vuelo, los astronautas se organizaron para llevar a cabo unos 80 experimentos.

 

El trasbordador espacial ofrece un medio para experimentar fenómenos o procesos bajo ingravidez, lo cual atrae el interés diversas empresas. Así, la empresa Spacehab, en convenio con la NASA, vendió el 18% de la capacidad del módulo. En ello se incluyó las investigaciones de la Agencia Espacial Europea (ESA) y también estudios comerciales. La NASA usó el 82% restante para sus propias investigaciones, referidas a la biología espacial.

 

Los físicos realizaron experimentos de combustión, producción de hollín y extinción de fuego en microgravedad, compresión de materiales granulares en condiciones de ingravidez. Este último experimento permite comprender mejor las técnicas de construcción en zonas de terremotos o deslizamientos. Asimismo se evaluó la formación de cristales de zeolita, elementos catalizadores de reacciones de refinería, procesos biomédicos u otras reacciones de diversas aplicaciones, y se efectuaron experimentos con líquidos presurizados de xenón, para simular el comportamiento de fluidos como la sangre en los capilares.

 

De igual forma, se estimuló el desarrollo y aumento de características genéticas de las células; unas destinadas a la curación del cáncer de próstata y otras, en otro plano, al incremento de la producción de plantas. También se evaluó el valor comercial de la producción de plantas en situación de ingravidez. Se investigó, igualmente, sobre proteínas cristalinas en microgravedad para la producción de medicinas con menos efectos secundarios. Se desarrolló técnicas de encapsulado de medicina contra el cáncer y los efectos de la ingravidez en insectos.

 

La NASA estudió los problemas cardiovasculares, musculares, óseos y la respuesta a la tensión nerviosa que causan los viajes espaciales en los astronautas. Además, se investigó nuevas tecnologías de reciclamiento de agua, las que serían útiles para la Estación Espacial Internacional. La ESA investigó sobre la salud de los astronautas y funciones biológicas. La ESA y la NASA examinaron aspectos tecnológicos de la carrera espacial. Universidades, colegios y empresas compartieron los sueños de los tripulantes del Columbia. Parte de los datos obtenidos fueron transmitidos a la Tierra, pero la tragedia frustró la misión.

 

EL INTERÉS CIENTÍFICO Y TECNOLÓGICO EN LOS COMETAS

 

Otro evento espacial que llamó la atención pública fue la colisión del proyectil “Impactor”, de la sonda espacial “Deep Impact”, con el cometa Tempel 1, ocurrida el 1 de julio del 2005. Este experimento constituye un hito en los esfuerzos por determinar la composición de los cometas, pero también sirvió para convalidar las tecnologías que servirían para salvar la Tierra de una eventual amenaza similar a la que terminó con la vida de los dinosaurios.

 

La tecnología de observación de cometas ha evolucionado muy rápidamente. Recordemos que el 14 de octubre de 1985, desde el observatorio LARSON, con ayuda de un telescopio de 15 m, se detectó la emisión de una serie de compuestos químicos en el cometa Halley. El 19 de octubre de ese año se identificó otros compuestos químicos, cuando el LARSON se encontraba a 315 millones de km del Sol y a 200 millones km de la Tierra.

 

En el caso del Tempel 1, el impacto del proyectil de 372 kilos que colisionó con el cometa a 36 000 km por hora, produjo un resplandor cuyas imágenes fueron captadas por la nave nodriza “Flyby” y enviadas desde 133 millones de km al Centro de Control de la NASA, en Pasadena, California. Flyby está equipada para seguir recibiendo información de los restos del impacto y conocer su composición con una precisión nunca antes alcanzada para cometa alguno. También recogieron información los telescopios espaciales Hubble, Chandra, Spitzer, Galex y SWAS.

 

¿Por qué es interesante el estudio del núcleo de un cometa? En cierta forma, el núcleo del cometa es un vestigio del pasado cósmico. Se piensa que se formó al mismo tiempo que el sistema planetario solar y que, desde entonces, hace unos 5, 000 millones de años, no ha cambiado tanto como los planetas. Una de las razones de cambio de los materiales constituyentes de los planetas es su gravedad. La intensa gravedad de los planetas hace que los materiales se compriman con tal fuerza que se producen reacciones físico-químicas que borran el pasado. En cambio, los cometas son tan pequeños y tienen tan baja gravedad, que los compuestos originales se han mantenido casi inalterados.

 

Otra de las razones del interés en la composición química de los cometas se basa en la tesis según la cual los compuestos que llevan los cometas han dado lugar a la vida en la Tierra. En la búsqueda de los orígenes de la Tierra también hay un desafío tecnológico de gran envergadura y con proyecciones comerciales nada despreciables. Las tecnologías espaciales de transporte, de automatización, de información y comunicación, han demostrado que se puede llevar a un cometa prácticamente lo que uno quiera, incluso material para desviar su trayectoria, en caso de que sea una amenaza para la Tierra.

 

Por otro lado, la instrumentación sofisticada y compacta de análisis químicos que contiene Flyby constituye un modelo para construir equipos de interés tecnológico comercial, los que seguramente invadirán pronto los laboratorios del mundo entero. Hay antecedentes. Recordemos que la tecnología de procesamiento de imágenes del telescopio espacial Hubble sirve hoy en las cámaras digitales, que permitió recuperar largamente la inversión en la construcción del telescopio, con el que aparentemente sólo se buscaba comprender el origen del universo.

 

Dada la trascendencia tecnológica a mediano y largo plazo, la competencia por el estudio de los cometas apenas empieza. La sonda Deep Impact, dejó la Tierra el 12 de enero del 2005 y el proyectil salió de Flyby 24 horas antes de encontrarse violentamente con el Tempel 1. La sonda europea Rosetta, que salió de la Tierra el 2 de marzo del 2005, se encontrará con el cometa Churyumov-Gerasimenko el año 2014. En este caso no habrá colisión, sino que se depositará un vehículo de exploración. La sonda Roseta tomó imágenes del Temple1, comprobando el buen funcionamiento de sus instrumentos.

 

Lejos quedan los tiempos en que los cometas eran vistos como señales mágicas observadas con mucho temor desde la Tierra. El estudio científico empezó lentamente con los astrónomos y físicos desde los tiempos de Galileo. Luego se entendió que sus trayectorias eran producidas por las fuerzas de gravedad, según la teoría mecánica de Isaac Newton. Y hoy, con los avances científicos y tecnológicos interdisciplinarios, nos acercamos cada vez más a la comprensión del origen de nuestros planetas y, eventualmente, de la vida. Pero, sobre todo, observamos una competencia entre las potencias por dominar las tecnologías del espacio, las que, en última instancia, servirán para la competencia tecnológica comercial en la Tierra.

 

LA INDIA APUESTA POR LA TECNOLOGÍA

 

Varios países están siguiendo los pasos de Estados Unidos, escogiendo campos en los que tienen ventajas competitivas. Por ejemplo, la India está apostando por las tecnologías de punta centradas en la biotecnología, las tecnologías del espacio, las tecnologías nucleares y las tecnologías de la información (Ver “La Recherche” No 340). Las biotecnologías y las tecnologías de la información no requieren de enormes cantidades de recursos, pero sí de conocimiento.

 

En Bangalore, una ciudad de 6 millones de habitantes situada al sureste de India, se ha levantado el prestigioso Instituto Indio de Ciencia (IISc), que ha creado la Sociedad para la Incubación y el Desarrollo, encargada de defender la propiedad intelectual de los investigadores y administrar un fondo de 250 millones de dólares de capital de riesgo (Paradójicamente, en esta misma ciudad viven millones de personas en extrema pobreza).

 

En 1980, India exportaba 4 millones de dólares en software; entre el 2000 y 2001 exportó 5100 millones de dólares. Según fuentes del CSIR (Council of Scientific and Industrial Research), entre 1998 y 1999 el software pasó de 2.5% a 10% de las exportaciones. El CSIR, que no está entre los mayores centros de investigación de la India, cuenta con 40 laboratorios, 22000 empleados y 5300 investigadores.

 

En el 2000, la India invirtió 4000 millones de dólares en investigación y desarrollo, lo que significó el 0.9 de PBI: la meta es de 2%, para equiparar el porcentaje dedicado en ese rubro en los países desarrollados. El Estado de Andhra Pradesh, con 80 millones de habitantes, basa su desarrollo en las tecnologías de la información, tratando de difundirlas en todos los sectores que sea posible, a través de cabinas de internet en cada pueblo. Se espera que las tecnologías de la información permitan atraer inversiones de calidad y aumentar las exportaciones.

 

El otro campo prioritario de la India es el de las biotecnologías. Desde 1986, la India es el único país en el mundo que cuenta con un Secretariado de Estado para las biotecnologías, el que, en el 2000, tuvo un presupuesto de 40 millones de dólares, que, añadidos a las inversiones de otros ministerios, totalizan unos 60 millones de dólares.

 

Las investigaciones son dirigidas tanto a controlar las enfermedades infectocontagiosas como, en otro campo, al mejoramiento de los productos agrícolas. Uno de los temas en los que se acentúa el esfuerzo y, al mismo tiempo, se controla mucho la aplicación, es el de los organismos genéticamente modificados (OGM). La decisión fue tomada hace varios años, debido, entre otras cosas, a que el 45% de las plantaciones de algodón era destruido por insectos. La India es consciente de los problemas ecológicos, por lo que las OGM son sometidas a una rigurosa vigilancia para disminuir riesgos innecesarios.

 

Uno de los más grandes centros de investigación biológica es el Centro de Biología Molecular y Celular (CCMB) de Hyderabad, dedicado a las pruebas genéticas, la terapia genética, las vacunas recombinantes y la conservación de especies salvajes. En Bangalore, el Laboratorio de Microbiología y de Biología Celular del IISc investiga sobre virología y el gusano de seda transgénico. El ICGEB (International Centre for Genetic Engineering and Biotechnology), apoyado por cuarenta estados, desarrolla una vacuna contra el paludismo y la utilización de plantas transgénicas.

 

La empresa privada empieza a comprender que la investigación es rentable. En 1991, el sector privado contribuía con el 12.6 % de las inversiones en I+D; en 1999, esa cifra aumentó a 20% (en los países desarrollados, la inversión privada en este campo está sobre el 75%).

 

La empresa General Electric ha decidido abrir su segundo centro mundial de investigación en Bangalore, el que empleará 1000 doctores en C y T. Otras empresas multinacionales, como la Daimler-Benz, Intel, Microsoft, IBM Siemens y Du Pont, están en esa misma dirección. Una serie de empresas multinacionales empiezan a invertir en centros de excelencia en la India.

 

Como vemos, basados en el desarrollo de conocimiento científico tecnológico, los hindúes han decidido superar la pobreza. La talla del desafío tecnológico que enfrentan es gigantesca, pero lo están haciendo con decisión, asignando los recursos en temas en los que tienen muchas probabilidades de éxito.

 

COOPERACIÓN INTERNACIONAL: CASO DE LA FUSIÓN NUCLEAR

 

Los países con una estrategia de desarrollo basada en la ciencia y la tecnología invierten en la formación de equipos nacionales. Sin embargo, los grandes proyectos científicos y tecnológicos se han convertido hoy en desafíos internacionales, los cuales tienen que ser enfrentados mediante la cooperación de varios países. El esfuerzo internacional recientemente iniciado para llevar a cabo un gran proyecto de esta naturaleza, concierne a la fusión nuclear, cuyo objetivo es construir un reactor para generar energía eléctrica.

 

La Comisión de Energía Atómica (CEA) de Francia, después de largas negociaciones, en 2005 logró que los países participantes en el proyecto ITER decidieran construir el reactor de fusión de investigación en territorio francés. Se trata de un prototipo de reactores nucleares de fusión sobre la base de combustible de hidrógeno, elemento casi inagotable y no contaminante. Los reactores basados en la fusión de núcleos de hidrógeno generan grandes cantidades de energía sin producir contaminantes radiactivos de vida larga, como sí es el caso de los reactores basados en la fisión. En la fisión, cada núcleo de uranio se parte en dos pedazos radiactivos generalmente de larga vida.

 

Francia tiene un gran desarrollo en el campo nuclear en general, y en la fusión nuclear en particular. En los años 80, algunos de los colegas físicos nucleares que estudiaban la fisión nuclear partieron a Cadarache –la ciudad donde se construirá el reactor- apostando por la fusión nuclear. Hoy, el éxito de estos científicos ha convencido a los países para que allí se construya el reactor ITER, a un costo de 10 mil millones de dólares, con la participación de China Popular, la Comunidad Europea, Japón, Corea, Rusia y los Estados Unidos, auspiciados por el Organismo Internacional de Energía Atómica.

 

La historia de la cooperación para el ITER empieza en 1985, con la propuesta de la antigua Unión Soviética para construir una máquina de fusión, en el marco de un proyecto internacional. El proyecto era demasiado grande para un solo país. Entonces, Estados Unidos, Japón y Europa aceptan el reto, elaborando el diseño entre 1988 y 1990. En 1998 se termina la primera fase de la ingeniería detallada, pero Estados Unidos se retira del proyecto. En el 2001 se concluye la ingeniería detallada y en el 2002, luego de intensas coordinaciones técnicas, se inicia la búsqueda del lugar de construcción del reactor de fusión nuclear y las condiciones de financiamiento. En esta fase de negociaciones regresa Estados Unidos e ingresa China.

 

En el plano científico, el 4 de diciembre de 2003, los franceses lograron una descarga de plasma de una duración de más de 6 minutos en el reactor de investigación Tore Supra (forma de un neumático de vehículo), liberando apreciables cantidades de energía. Hasta entonces el récord era la liberación de energía durante 4 minutos y 25 segundos, lograda en septiembre del 2002. La máquina Tore Supra tiene un diseño similar al ITER pero con una tercera parte de su tamaño. El calor liberado es contenido en un campo magnético producido por bobinas de superconductoras.

 

El proyecto ITER apunta a la construcción de plantas eléctricas basadas en la fusión nuclear de núcleos de hidrógeno, elemento superabundante en la Tierra. El plasma de hidrógeno opera a unos 100 millones de grados Celsius y producirá unos 500 megavatios de potencia. La primera operación será el 2015.

 

Con el proyecto ITER se busca la fuente inagotable de energía. Y el hidrógeno es abundante y no contaminante. Es una alternativa al combustible fósil, responsable del calentamiento global.

 

Este proyecto es un ejemplo de cooperación internacional en desarrollo científico y tecnológico, la que empieza en los laboratorios, donde se definen los requerimientos y las condiciones para llevar a cabo los experimentos en la forma más económica y segura posible. El proyecto ITER es interdisciplinario, en el que confluyen la tecnología de información, el diseño por computadora, las diversas áreas de ciencia y tecnología, así como personal administrativo especializado en crear un ambiente de creatividad. El diseño del ITER contiene aspectos desde la fase de construcción hasta el desmantelamiento de la instalación al finalizar el proyecto.

Con el ITER, los países desarrollados se aseguran el control energético del futuro, con centrales de energía que no necesitan petróleo, ni gas, ni carbón, pero sí conocimientos avanzados de física y ciencia de materiales.

 

PERÚ INDUSTRIAL SIN INVESTIGACIÓN

 

Mientras que los países que apostaron a la ciencia están liderando el mundo ¿qué ha pasado en el Perú?. En los innumerables foros sobre política científica y tecnológica que se han llevado a cabo desde los años 60, se ha constatado que la industria nacional, la universidad y los institutos de ciencia y tecnología anduvieron cada uno por su lado, y que los recursos dedicados a la ciencia y la tecnología fueron escasos.

 

Entre 1985 y 1990, el ente promotor en el tema, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC), contaba con 15 millones de dólares anuales (en el 2005 recibió la tercera parte). En ese entonces se contaba con el Instituto de Investigación Tecnológica Industrial y de Normas Técnicas (ITINTEC). En los años 90, sus equipos fueron dispersados por doquier. En cuanto al Museo de Ciencias, que tanto sirvió a los colegios, fue encajonado y llevado al Parque de las Leyendas; solo en los primeros años del siglo XXI se ha empezado a recuperar el material para levantarlo nuevamente.

 

En el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (INGEMMET), a principios de los 90 se realizaba investigaciones metalúrgicas. Mas, posteriormente, se redujo su misión a levantar la carta geológica para brindar información a las empresas mineras.

 

A fines de los 80 se trataba de avanzar en metalurgia en la refinería de Cajamarquilla. Luego, la empresa canadiense que la adquirió trajo su tecnología completa.

 

En la industria químico farmacéutica, al final de la década de los 80s, la empresa Sinquesa logró ser la única compañía latinoamericana exportadora de insumos para antibióticos. En los noventa se desmanteló la planta y se vendió la empresa a una compañía extranjera.

 

En cuanto a recursos humanos, en los años 80, en los institutos había cinco veces más investigadores con el grado de doctor que a fines de los 90. puesto que en esa década fueron incentivados para renunciar a sus puestos de trabajo.

 

Asimismo, en los años 80, los investigadores en los laboratorios ganaban ligeramente menos que los directivos que no hacen investigación. En el 2005, en algunos institutos estos últimos ganan el doble que los primeros, incentivando en consecuencia el trabajo burocrático.

 

En lo que se refiere a la producción de los alimentos que consumen los peruanos, en los años 2000 el componente industrial era de 10%, mientras que en Chile ese porcentaje era de 55%.

 

El Perú mantiene su carácter de exportador de materias primas con bajo valor agregado e importador de productos tecnológicos de alto valor agregado.

 

El estudio sobre indicadores de ciencia, tecnología e innovación, realizado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC) publicado con el título “Perú ante la Sociedad del Conocimiento” cuantifica las razones del estado de la ciencia y la tecnología en el país.

 

En el Perú, el porcentaje del PBI invertido en investigación y desarrollo ha disminuido desde 0,36%, en 1977, hasta sólo 0,11% en 2001, mientras que actualmente en Chile y Estados Unidos, esos indicadores son de 0,56 % y 2,76%, respectivamente.

 

Las empresas invierten el 0,06% de sus ventas en actividades de ciencia y tecnología –lo que involucra generalmente adquisición de productos tecnológicos, estudios de factibilidad, adopción de programas informáticos o planeamiento estratégico–, mientras que en investigación y desarrollo invierten sólo el 0,02% de sus ventas.

 

Debemos añadir que, para agravar las cosas, los recursos no son usados en forma óptima. Uno de los aspectos preocupantes es la desarticulación entre los institutos de investigación y desarrollo, las universidades y las empresas.

 

Además, en la sociedad, como elementos de cultura, los conocimientos científicos y tecnológicos son mucho menos reconocidos que los conocimientos literarios y humanísticos. Para completar el cuadro, en los debates políticos, los temas sobre ciencia y tecnología brillan por su ausencia.

 

Lo peor es que, salvo meritorias excepciones, en las universidades y los institutos, se ha dado escaso valor a las publicaciones en revistas científicas indexadas. Por si fuera poco, ha sido eliminado el requisito de tesis –como fruto de un trabajo de investigación– para obtener tanto el grado de bachiller como el título profesional.

 

Como consecuencia natural de todo ello, se ha deteriorado el coeficiente de inventiva e invención (número de solicitudes de patentes cada 10 000 habitantes), que pasó de 0,05 en 1977 y 0,07 en 1978 a sólo 0,01 en el 2002. Asimismo, la tasa de autosuficiencia (coeficiente entre el número de patentes solicitada por nacionales y el número total de patentes solicitadas) pasa de 0,17 en 1977 a 0,04 en 2002. Lo que se incrementa es la tasa de dependencia (número de patentes hecha por extranjeros entre el número de solicitudes nacionales), la que pasa de 4,78 en 1977 a 26,58 en el 2002.

 

El número de publicaciones científicas en SCI (Science Citation Index), entre 1990 y 2000, disminuyó de 0,7 a 0,9 por 100 000 habitantes, cifra muy baja respecto a las 15 por 100 000 habitantes que se editan en Chile.

 

Como corolario de los bajos indicadores en investigación y desarrollo, el Perú se encuentra mal posicionado en la tabla de crecimiento de la competitividad de los países.

 

II EL PERÚ Y LA COMPETITIVIDAD

 

En el Perú, desde los años 80 se ha intentado relacionar la ciencia y la tecnología con el desarrollo empresarial. Poco a poco, los empresarios peruanos han ido tomando conciencia de la necesidad de elevar el nivel de competitividad del país, teniendo a la innovación y desarrollo tecnológico como uno de los pilares para lograr ese objetivo. Este espíritu empresarial se refleja en las últimas versiones de la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE). Así, en el CADE 2004 el tema central fue la integración del Perú al proceso de globalización para lograr más y mejores empleos. Varios expositores extranjeros pusieron acento en el tema tecnológico. El empleo aumentará con la integración, siempre y cuando se establezca la estabilidad política, se modernice el Estado, se libere la economía, exista un compromiso de cohesión social y se logre un valor agregado gracias a la innovación y desarrollo tecnológico. Ese fue el mensaje del presidente Ricardo Lagos de Chile. El economista Vicente Fretes-Cibils, del Banco Mundial, señaló que la innovación y desarrollo eran necesarios para la competitividad y para obtener provecho de la apertura de mercados. Otro experto del Banco Mundial, Jaime Saavedra, afirmó que debe buscarse una mayor educación y especialización, investigación y desarrollo, así como una eficiente relación entre la universidad y la empresa. Álvaro Uribe, presidente de Colombia, resaltó los incentivos que da su país a las empresas que invierten en ciencia y tecnología.

 

Por su parte, el Ministro de Comercio Internacional y Turismo del Perú, Alfredo Ferrero, expuso los beneficios del TLC, asegurando a los empresarios que dicho instrumento permitirá que las empresas aumenten considerablemente sus exportaciones. EEUU es un gran mercado del que no podemos olvidarnos para crecer. Esto será tanto más cierto cuanto mayor apoyo reciban nuestras empresas para proyectos de ciencia, tecnología e innovación. Por ejemplo, entre las medidas que ha dispuesto el gobierno de Colombia, pensando en la competitividad de sus empresas, está el FOMIPYME, fondo para su modernización tecnológica, innovación y gestión empresarial. Este apoyo se añade al que reciben del Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (COLCIENCIAS) y del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) para innovación y desarrollo como preparación para que las empresas sean capaces de competir en un ambiente comercial más exigente.

 

Chile cuenta con varios fondos de desarrollo tecnológico que, en total, ascienden a 100 millones de dólares, los que, además, sirven para atraer fondos privados. Con la rentabilidad del 10% de los proyectos buenos se compensa la inversión de todos los proyectos, incluyendo los que fracasan. Para aumentar la competitividad de las empresas y hacer frente al TLC con mayores posibilidades, Ricardo Lagos propuso que se establezca regalías a la minería con el propósito de apoyar el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

 

México, Estados Unidos y Canadá forman parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta). México ha iniciado gestiones para extender este tratado al intercambio de científicos y el uso de la infraestructura científica y tecnológica de los miembros del Nafta. Con ello, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCAYT) de México está fortaleciendo su Programa Especial de Ciencia y Tecnología (PECYT) que busca elevar la competitividad y la innovación de las empresas. Para ese fin se busca incrementar la inversión privada en investigación y desarrollo, promover la gestión científica y tecnológica de las empresas, promover la infraestructura en apoyo de la competitividad e innovación de las empresas.

 

Los tratados de libre comercio están impulsando programas para mejorar la competitividad en todos los países y en las regiones económicas. El Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CIDI) de la Organización de Estados Americanos (OEA) organizó la Primera Reunión de Ministros y Altas Autoridades en Ciencia y Tecnología bajo el ámbito del CIDI. En esta reunión se redactó un Plan de Acción, que se llevará a cabo conjuntamente y que apunta a establecer las bases de la competitividad de los países americanos.

 

Vemos que los países miembros de la OEA están empezando a preocuparse en el tema de ciencia, tecnología, innovación y desarrollo. Los recursos que se requieren para desarrollar tecnologías avanzadas y competitivas son demasiado cuantiosos para un solo país. Esta realidad está conduciendo a adoptar soluciones regionales, que constituyen la mejor forma de optimizar el uso de los recursos para lograr el bienestar de las poblaciones y establecer relaciones de confianza que aseguren la paz y el desarrollo.

 

EN BUSCA DE PROBLEMAS POR RESOLVER

 

En ese marco histórico constatamos que quedó atrás la era de los científicos investigadores interesados en temas libres, sin relación con los objetivos empresariales. Hoy en día se apunta a que la investigación responda a la demanda de las empresas preocupadas por elevar su competitividad. Las instituciones de ciencia y tecnología analizan los procesos productivos y de servicios, encuentran los puntos débiles y resuelven los problemas de producción.

 

La relación entre los investigadores y las empresas no es fácil. Un tema sensible para las empresas, y que hace difícil su relación con las instituciones de investigación científica y tecnológica, se refiere a los llamados "secretos industriales", que no les parece conveniente que sean conocidos por eventuales competidores. Tomará tiempo para ganar la confianza de las empresas en los trabajos conjuntos.

 

Mayor dificultad para la relación entre la empresa y los centros de investigación es el concerniente a los derechos intelectuales y las patentes sobre las innovaciones generadas en el trabajo de investigación en cooperación, así como el carácter confidencial que debe tener ese trabajo. Este tema debe ser claramente establecido en los contratos correspondientes, considerando la participación efectiva de cada una de las instituciones comprometidas y de acuerdo a las normas vigentes.

 

En el Perú no hay tradición de relaciones Empresa-Academia. El académico investiga, publica sus resultados y enseña en las universidades. El empresario, presionado por los requerimientos del corto plazo, no presta atención al tema de investigación. Para iniciar el acercamiento entre ambos sectores, es necesario una nueva actitud de ambas partes.

 

Esta sinergia está empezando a lograrse en pocos casos, pero con buenas perspectivas. A principios de enero del 2005, los empresarios peruanos que han aplicado la ciencia y la tecnología en sus actividades de producción han dado su testimonio de ello en el Encuentro Científico Internacional 2005 de verano.

 

Uno de los institutos de investigación que mayores esfuerzos realizan para resolver los problemas tecnológicos de las empresas es el IPEN. En reconocimiento de ello, con ocasión del XXX aniversario del IPEN, el 4 de febrero de 2005, el Ing. Alfonso Velásquez, Ministro de la Producción anunció la formación de un grupo estratégico para la competitividad, en el que se encuentran incluidos el IPEN y el CONCYTEC. Por su parte, el empresario Ing. José Valdez, presidente del Comité de Política de Ciencia y Tecnología (COMPOLCYT), exhortó a los empresarios a prestar mayor atención a la investigación.

 

EN BUSCA DE SOCIOS PARA INVESTIGAR

 

Durante décadas se ha solicitado al Estado que promueva la investigación científica y tecnológica con el fin de lograr mecanismos que permitan generar valor agregado en los productos y servicios del país. Igualmente, que las instituciones científicas y tecnológicas investiguen sobre temas en concordancia con las necesidades de innovación del aparato productivo. Las negociaciones del TLC con Estados Unidos, han reavivado el tema de la relación entre las empresas y los centros de ciencia, tecnología e innovación.

 

La pregunta que se plantearon los negociadores peruanos del TLC fue: ¿por qué vamos a prestar mayor reconocimiento a las patentes y a la propiedad intelectual, si de eso tenemos poco? Otros participantes formularon una interrogante diferente: ¿porqué no empezamos a crear y tratar de patentar para que el TLC garantice lo que inventemos o innovemos? La respuesta no es fácil, pero el tema ha hecho aún más evidente la necesidad de una mayor investigación y desarrollo para lograr una competitividad acorde con los retos presentes. Los centros de investigación científica y tecnológica tienen entonces la oportunidad para poner en acción al potencial humano precisamente entrenado para la innovación.

 

Y como la competitividad es esencialmente un tema que interesa al sector productivo, es imprescindible iniciar un trabajo en conjunto entre las empresas y los institutos de investigación científica y tecnológica, con el apoyo del Estado.

 

El IPEN ha tenido dificultades para convencer a las empresas a integrase a proyectos ya encaminados. Por ello optó por iniciar sólo proyectos seleccionados conjuntamente con las empresas con el objetivo de mejorar su competitividad, y en cuya ejecución estén dispuestas a invertir los recursos necesarios. En tal sentido, desde octubre del 2004, a través de algunos medios de difusión especializada, se ha convocado a las empresas para que presenten proyectos de investigación e innovación. A pesar de ello no se ha obtenido una respuesta significativa.

 

En enero del 2005, el IPEN, el Ministerio de la Producción y el CONCYTEC acordaron formar un grupo estratégico para la competitividad, al cual las empresas podían tener acceso mediante concurso. Esta asociación permitiría difundir mejor la información y optimizar el uso de los recursos dedicados a la ciencia, la tecnología y la innovación.

 

Respecto a recursos dedicados a la ciencia y la tecnología, cabe mencionar el préstamo de 25 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con una contraparte de 11 millones del Gobierno Peruano, que será dedicado a un Programa de Ciencia y Tecnología con la finalidad de incentivar la relación entre Academia y Empresa. Esta cantidad es relativamente pequeña comparada con préstamos que por razones similares han sido otorgados a países vecinos. Sin embargo, constituye una oportunidad para probar el engranaje ciencia, tecnología e innovación en el país.

 

En el Perú, varios ingenieros han desarrollado algunos procesos o instrumentos, pero poco se han preocupado por llegar a la patente: no hay una cultura de la propiedad intelectual. Mas, debemos mencionar que este problema no es sólo del Perú. En Chile, por ejemplo, un profesor universitario descubrió que una resina de pino absorbía 20 veces más humedad que otros materiales y, en cuanto publicó su articulo científico, recibió comunicaciones de empresas extranjeras que querían conocer detalles de este descubrimiento. El científico chileno absolvió detalladamente las preguntas y se sintió muy contento por el interés que esas empresas prestaban a su trabajo. ¿Qué hicieron las empresas con la información? Fácil es imaginar.

 

Tomando en cuenta la realidad, entonces, tendríamos que priorizar y optimizar los gastos. Es recomendable promover el reconocimiento de la propiedad intelectual de los investigadores y científicos que se dedican a problemas concretos. Para generar riqueza, y abandonar la tradicional exportación de materias primas, es preciso aprovechar el conocimiento mundial de libre acceso para resolver problemas nacionales o bien generar productos y procesos para vender en un mercado internacional cada vez más competitivo.

 

Sin embargo, para que esto sea posible, es necesario organizar la ciencia y la tecnología en el Perú de una manera más racional, tomando en cuenta las experiencias de institutos, universidades y empresas peruanas, y relacionándolas con las reales posibilidades financieras del país.

 

LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA NUCLEAR PARA LA COMPETITIVIDAD

 

El premio Nóbel de la Paz 2005, adjudicado al doctor Mohamed El Baradei y al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que él dirige, están dedicados a promover las aplicaciones de la tecnología nuclear relacionadas con el desarrollo integral de los países. Este premio coincidió con el “Año Internacional de la Física” –en conmemoración del centenario de los descubrimientos de Albert Einstein- y con el 60 aniversario de la prueba de la primera bomba atómica en Estados Unidos y la utilización militar que se hizo de ella, en Hiroshima (6 de agosto 1945), y en Nagasaki (9 de agosto 1945), causando más de 100 000 víctimas.

 

Si bien Albert Einstein promovió las investigaciones que dieron como resultado el arma nuclear en Estados Unidos, también exploró las posibles aplicaciones pacíficas de la energía nuclear. Después de la Segunda Guerra Mundial, tras el demostrado poder disuasivo de la bomba atómica, varios países trataron de construir la suya. Por ello, ante el inminente riesgo de proliferación de armas nucleares, Estados Unidos difundió e incentivó las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear utilizando el lema “Átomos para la Paz”.

 

El OIEA fue creado el año 1957 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Promovido por este organismo, el año 1970 se inició la adhesión al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), en el que se establece el derecho de las potencias para mantener su poder nuclear, así como la renuncia de los otros países miembros a tratar de alcanzarlo. A cambio de ello, los países miembros con menor desarrollo reciben cooperación técnica para las aplicaciones pacíficas de la tecnología nuclear. Sólo Israel, Pakistán e India no han firmado el TNP.

 

El desarrollo tecnológico para fines pacíficos puede derivarse tarde o temprano al terreno militar. El uranio 235 sirve como combustible tanto para una planta nucleoeléctrica o un reactor de investigación como para una bomba atómica. El uranio natural está compuesto por 99,3 % de uranio 238 y 0,7 % de uranio 235; ambos con las mismas propiedades químicas, por lo que para el enriquecimiento en uranio 235 es necesario dominar complejos procesos físicos.

 

Todos los países que tienen reactores nucleares necesitan comprar combustible nuclear compuesto de uranio enriquecido de uranio 235. Por ejemplo, si el Perú requiere recargar su reactor nuclear con uranio enriquecido al 20% de uranio 235, por ahora debe importarlo. Si quisiéramos alcanzar independencia tecnológica para elaborar nuestro propio combustible, tendríamos que comenzar enriqueciendo uranio, lo que seguramente haría recaer dudas sobre nuestros objetivos.

 

El OIEA tiene la misión de vigilar y analizar cada actividad nuclear sospechosa de desviación militar. Por ello se ha ganado la incomprensión de algunos países que desean dominar la tecnología del enriquecimiento de uranio.

 

Por otro lado, después de los actos de terrorismo internacional sucedidos en ciudades del hemisferio norte, la posesión de materiales nucleares se ha convertido en un tema sensible. En ese contexto, Estados Unidos, para evitar ataques y robos de material que podría ser usado para construir las llamadas “bombas sucias”, capaces de crear zozobra en ciudades densamente pobladas, apoya proyectos de seguridad física en centros nucleares.

 

LA CIENCIA Y TECNOLOGÍAS NUCLEARES EN EL PERÚ

 

El Perú se beneficia de la cooperación del Organismo Internacional de Energía Atómica, ejecutando proyectos sobre aplicaciones de la ciencia y la tecnología nucleares. En 1975, el Perú tomó la decisión de fortalecer la línea nuclear para fines pacíficos, fundando el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN).

 

La infraestructura física del IPEN está compuesta por el Centro Nuclear “Oscar Miro Quesada de la Guerra” –que hoy cuenta con un reactor de investigaciones de 10 megavatios (RP-10)–; el Centro Superior de Estudios Nucleares (CSEN), en San Borja; la Planta de Irradiación Multi Uso (PIMU), en Santa Anita; el Centro de Medicina Nuclear, en Surco; y, la Oficina Técnica de la Autoridad Nacional (OTAN), en Magdalena del Mar.

 

El OIEA otorga recursos destinados al entrenamiento en el extranjero de científicos e ingenieros de las instituciones y empresas participantes, a la adquisición de equipos y a la contratación de expertos internacionales que se requiera la ejecución de los proyectos. Es de mencionar que, en aquellos proyectos de cooperación técnica, una proporción cercana al 50% de los recursos es destinada a la adquisición de equipamiento.

 

Luego de 30 años de fundado, con el auspicio del OIEA, el IPEN ha rediseñado su misión y sus objetivos, en el marco de un planeamiento estratégico que consolida su imagen como una entidad científica y tecnológica que mantiene estrecha relación con la empresa y la sociedad, lo que se expresa en el tipo de proyectos que lleva a cabo.

 

Con esa visión se ha generado una red de instituciones que trabajan coordinadamente con el IPEN, y con las cuales se organiza talleres para definir los proyectos sostenibles prioritarios. Asimismo, el IPEN participa en los foros empresariales que promueven acciones tendientes a elevar el nivel de competitividad nacional.

 

El aspecto interdisciplinario de las aplicaciones nucleares se refleja en la variedad de los proyectos que se han llevado a cabo. Entre los temas abordados podemos señalar, la producción de radioisótopos, la medicina nuclear, la radioterapia, la irradiación de alimentos y productos médicos, la agricultura, las aplicaciones industriales y mineras y el medio ambiente.

 

RADIOISÓTOPOS Y LA MEDICINA NUCLEAR EN EL PERÚ

 

La historia registra el 25 de febrero de 1954 como la fecha de creación de la “Junta de Control de Sustancias Radiactivas”, entidad administrativa del Poder Ejecutivo, con plena autoridad para administrar y hacer cumplir todas las reglamentaciones y disposiciones futuras relacionadas con estas sustancias y sus similares. La fundación de la Junta fue el punto de partida del interés del Estado peruano por este tipo de sustancias, aunque, en esa época, el uranio radiactivo concitaba mayor atracción por la posibilidad de su utilización como fuente energética.

 

Muy rápidamente se tomó conciencia de que los isótopos radiactivos traían todo un mundo de conocimientos en relación con la física, la química y la biología, y que sus aplicaciones se extenderían indudablemente a la medicina, la agricultura, la alimentación, las industrias y la generación de energía. Por ello, mediante el Decreto Supremo No. 1 de fecha 16 de noviembre de 1955, en reemplazo de la entidad anterior, se crea la Junta de Control de Energía Atómica (J.C.E.A.), con un carácter mayormente técnico.

 

El mismo dispositivo legal crea, dentro de la J.C.E.A., el Instituto Superior de Enseñanza, destinado a la difusión de la teoría y aplicaciones de la energía nuclear. A través de este instituto se comienza a difundir el uso de los radioisótopos, principalmente en medicina, lográndose que el Hospital Obrero de Lima, en el año 1955, obtenga equipamiento, capacite al personal, y comience a realizar las primeras aplicaciones del radioisótopo yodo 131. De esa manera, la J.C.E.A. se convierte en la entidad pionera de la medicina nuclear en el país, y promueve el uso de las fuentes de radio 226 y cobalto 60 en el ámbito nacional.

 

En los años siguientes aumentó el interés por el uso de radioisótopos en investigaciones médicas, y se formaron grupos de trabajo, principalmente en el Instituto de Biología Andina de la Universidad de San Marcos y en el Instituto de Enfermedades de Altura de la Universidad Cayetano Heredia, así como por parte de médicos particulares que, habiéndose especializado en el extranjero, comenzaron a ejercer la medicina nuclear en el país.

 

En el año 1964 se presenta ante el Organismo Internacional de Energía Atómica OIEA la primera solicitud para un proyecto de cooperación técnica internacional, denominado “Centro para