Recuerdos de vida

Becado al Politécnico "José Pardo" de Lima (1966)

En 1966, fui becado al Politécnico "José Pardo" (sexta cuadra de la Avda. Grau) donde tenía alojamiento y alimentación. Los laboratorios del José Pardo, sobre todo los de electrónica, eran avanzados. Sin embargo, yo quería comprender las bases de todo lo que había practicado en los talleres de electricidad. Ese año me di cuenta que lo que más me gustaba era las matemáticas y la física, las que me permitirían comprender las bases de todo lo que había experimentado en los talleres de electricidad. Pero sobre todo, me atraían los ejercicios mentales que significaban los problemas de matemáticas y la solución de problemas de física.

En la Universidad Nacional de Ingeniería, antes Escuela Nacional de Ingenieros (1967)

En 1967, ingresé a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Mi primer profesor, el Dr. Víctor Latorre, físico nuclear con pedagogía especial, incrementó mi atracción por la física. A pesar de ello, las matemáticas eran lo que más me gustaban. La química era divertida, pero había una falta de teoría que le hubiera dado su gusto de ciencia completa.

Mi trauma educacional lo tuve con el concepto de límite. La profesora argentina Zanardi (varios profesores argentinos llegaron por los problemas políticos) logró finalmente romper la barrera sicológica entre lo concreto y la abstracción. Luego todo fue más fácil.

Al terminar el primer año de estudios en la UNI, el Dr. Latorre me convenció para "sacrificar" mis vacaciones de verano, y llevar un curso de Mecánica teórica, que era destinado a estudiantes de grados superiores. Esa experiencia incentivadora me llevó a decidirme por la física.

Fernando Ponce toma del hombro a Modesto Montoya Cecilia, Felipe, Víctor y Claudia Coronel

Entre los alumnos destacados con los que compartí cursos estaban Marcelo Morales (hoy profesor de la Universidad de Grenoble), Mauro Zevallos (que llegó a vicerrector de la UNI), Roxana Arrese (actualmente en Francia), Fernando Ponce (hoy proferor de la Arizona State University), Víctor Coronel (doctorado en Columbia y profesor en la CUNY en New York) y Alberto Cordero (que hizo luego su doctorado en filosofia y enseña en New York).

Entre mis compañeros de ingreso también estan Lucia Villanueva (IGP), Alberto Pérez, Víctor Valdivieso (UNI), Luis Paihua (URP), entre otros. En la residencia alterné con varios compañeros, en especial Víctor Coronel, con quien mantenemos correspondencia.Viví un tiempo en la residencia universitaria y, gracias a que nuestros profesores, en especial el Ing. Carlos Hernández, usábamos los libros de su oficina de profesor. Los profesores Balfour Merovicci, Ferndinand Volino, Manfred Horn, Holguer Valqui, Ernesto López Carranza, Benjamín Marticorena, Mauro Chumpitaz, Gerardo Ramos, entre otros, fueron decisivos en mi carrera.

Dirigido por el Dr. Latorre, hice una tesis de bachillerato sobre simulación del experimento de Rutherford, usando las facilidades del Centro de Cómputo de la Universidad San Marcos. Tuve allí la primera interesante experiencia de la cooperación interinstitucional que tanto se necesita. El laboratorio de cómputo era dirigido por Flavio Vega Villanueva, el autor de los libros de cálculo que usamos en la secundaria.

Raquel, mujer sin prejuicios, me enseñó a interactuar con la gente
En mis tiempos de estudiante practicaba fútbol, sábados y domingos, en el club "Los Átomos", desde las 6:00 a.m.. Un domingo, cuando dormía después de mi ducha post entrenamiento, mi amigo Raúl Rojas, matemático hoy Venezuela, me levanta casi a la fuerza para que lo acompañe a la playa. Iba con dos hermanas. A regañadientes le hice la dupla. Así conocí a Raquel, una muchacha sin prejuicios de ninguna especie, libre, alegre, transparente. Me enseñó cómo tratar a la gente en una ciudad compleja y llena de prejuicios y fronteras mentales en la gente. Tuvimos a Jari, tan libre como ella, contestario, pero que conoce el arte de ser feliz.
Con Raquel nos fuimos a París
Tuvimos un hijo contestario y libre

En 1975, en la UNI terminé la maestría en ciencias -la que era dirigida por el Dr. Carlos del Río- con la tesis sobre relatividad "Análisis cronométricamente invariante de la teoría unitaria no simétrica", dirigida por el físico teórico José Carlos del Prado. Fui el segundo graduado (el primero fue el profesor argentino Horacio Verdún). En ese periodo tuve la fiebre de la docencia. Enseñé en las universidades Católica, Ricardo Palma, San Marcos, Cayetano Heredia y en la San Luis Gonzaga de Ica (en su local de Lima).

Recuerdos de profesores y colegas los tiempos de la UNI (1967 - 1975)

Antes de viajar a Parìs, en la UNI estuve, entonces, entre 1967 y 1975. En el libro “50 años de la Facultad de Ciencias (Leticia Quiñones y Martín Ueda, Proyecto Historia UNI, Universidad Nacional de Ingeniería, 2010) algunos profesores ha escrito sobre ese periodo. 

Víctor Latorre
“En cuanto a física, bajo el impulso de Ramos, Tola y el rector Samamé, nació el plan de asimilar a cuanto peruano hubiera recibido entrenamiento en física en el exterior. De esa manera, entré a la Facultad de Ciencias de la UNI, dirigida por su premier y animoso decano, el ingeniero Pablo Willstätter.  Entré en 1965, después que Holger Valqui retornara de Alemania y que Manfred Horn viniera del mismo país. Gran ayuda prestó Carlos Hernández, el ingeniero cuyo entusiasmo por la física lo llevó a estudiar una maestría en la misma Universidad de Maryland donde yo estaba terminando mi doctorado.
El impulso del préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo alcanzó para comprar el equipamiento esencial para la nueva Facultad de Ciencias. La Fundación Ford, el gobierno francés, el Centro Latinoamericano de Física (CLAF, Río de Janeiro) y el Centro Internacional de Física Teórica (Italia) contribuyeron a perfeccionar a los jóvenes físicos que habíamos aceptado el riesgo de formar una facultad para desarrollar la física, la química y las matemáticas.
El gobierno francés, tremendamente generoso, nos trajo físicos recién graduados, pero de excelente calidad y vigor inacabable como Ferndinand Volino, Yves Barjhoux, François Piuzzi, Bernard Bigot y otros más y llevó a nuestros mejores estudiantes, como Modesto Montoya, Benjamín Marticorena y otros, a culminar con valiosos doctorados.
Varias universidades de Estados Unidos recibieron también a estudiantes prometedores como Fernando Ponce, Walter González y otros varios que alcanzaron gran prestigio y que, aunque no regresaron a la Facultad, la ayudaron, y aún la ayudan desde fuera.” (Víctor Latorre, “50 años de la Facultad de Ciencias”. Proyecto Historia UNI, Universidad Nacional de Ingeniería, 2010).

Félix Escalante
“En esa etapa de estudiante hice amigos verdaderos como Juan Vega, Mauro Zevallos, Francisco y Víctor Coronel, Maynard Kong, Modesto Montoya, Marcelo Morales, Víctor Valdivieso, Luis Paihua, entre otros”, (Félix Escalante, “50 años de la Facultad de Ciencias”. Proyecto Historia UNI, Universidad Nacional de Ingeniería, 2010).

Ferdinand Volino (cooperante francés)
“La cooperación científica franco-peruana se inscribe en una tradición relativamente antigua. En efecto, durante aproximadamente unos 15 años (1968 – 1982) tuvo lugar una cooperación importante en física y química, primero, entre el Centro de Estudios Nucleares de Grenoble (CENG, Francia) y la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI, Perú) y, después, con la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP, Perú, 1974 – 1982). Un primer contacto con dichas instituciones tuvo lugar en Lima hacia 1965 entre dos científicos franceses, Michel Soutif y Bernard Dreyfus, profesores de la Universidad de Grenoble, y científicos peruanos, entre ellos Víctor Latorre, quien había regresado al Perú con una brillante tesis de física nuclear obtenida en los Estados Unidos. Latorre no solo sería uno de los más decididos impulsores de la cooperación con Francia, sino el principal interlocutor oficial peruano. ..
La primera “tesis de magister” de la UNI en física experimental, enteramente hecha en el Perú, fue aprobada en 1971 por Horacio Verdún. La segunda fue una tesis teórica defendida en 1974 por Modesto Montoya, uno de los mejores estudiantes entre 1969 y 1971.
Entre los cooperantes recibidos por la UNI, la PUCO y la UNMSM se encontraba: Hubert y Hèlene Jouve, Rozeaud Jacque Gaillard, Frédéric Ferrieu, Bernard Bigot, Robert Baptiste, Alain Guez, François Piuzzi, Yves Barjoux, Dominique Elle, Dominique Tonnelier, Jaussad, Pascal Fries” (Ferdinand Volino, “50 años de la Facultad de Ciencias”. Proyecto Historia UNI, Universidad Nacional de Ingeniería, 2010)

Fernando Ponce
“Así fue que al volver de Wisconsin en 1967, me encontré con una gran atmósfera en la Facultad de Ciencias. Los profesores Latorre y Carlos Hernández nos deslumbraron con sus charlas magistrales en los cursos de física fundamental. El profesor Holger Valqui siempre sentaba los rigurosos estándares a seguir. El profesor Balfour Meerovici, con pipa en mano, disfrutaba artefactos de vidrio y dirigiendo los laboratorios de física experimental, donde solo Dios se sacaba veinte. El profesor Horacio Verdún, que investigaba resonancia magnética, nos deleitó con sus cursos de mecánica clásica. Usábamos las vacaciones de verano para aprender los fundamentos de los idiomas extranjeros que tendríamos que leer en los textos del periodo siguiente. Aprecio mucho los dos volúmenes del Mecanique Quantique de Albert Messiah, del profesor Ferdinand Volino, que el profesor Hubert Jouve me regaló en reconocimiento por haberle enseñado el castellano. Aprendí el alfabeto ruso para poder leer un libro de relatividad, tomé un curso de italiano para poder leer el texto original de Termodinámica de Enrico Fermi (traduttore traditore, decía el instructor).
Existía gran respeto por la capacidad intelectual de nuestros compañeros. En mi promoción estuvieron Víctor Coronel, Marcelo Morales, Rolando Chávez, Juan Ocampo, Cordero Lecca, y Modesto Montoya. Escuchábamos de las leyendas de promociones anteriores como César Camacho y Benjamín Marticorena. Manfred Horn se encontraba por entonces estudiando en Vancouver, Canadá. Disfrutábamos de jefes de práctica como Humberto Asmat y Jaime Ávalos (“el chiquillo cuántico”), y aún del dirigente Panta Pazzos.” (Fernando Ponce, “50 años de la Facultad de Ciencias”. Proyecto Historia UNI, Universidad Nacional de Ingeniería, 2010).

Recuerdos de mi paso por la Facultad de Ciencias de la UNI  1966 - 1968.
Víctor Coronel
El año 1964 tome un curso por correspondencia sobre electricidad, esto incluía practicas con instrumentos básicos que la escuela enviaba , me gusto el tema y el año 1965 mi hermano Francisco ingreso a la UNI y escogió la Facultad de Ciencias Físicas.
Al año siguiente, logre ingresar a la UNI y también escojo lo mismo. No me impresiono mucho pues, descubriría esto más tarde, los cursos de física básica no incluían demostraciones y el texto, Resnick y Halliday, tenia ejemplos que mayormente se adecuaban a la realidad norteamericana, muy alejados de la realidad social de la mayoría de los peruanos. Eso si tuve la suerte de obtener beca completa: vivía en "La Casa de Estudiantes" interactuando un poco con Domingo Aliaga, Maynard Kong, Félix Escalante y otros.
Comía en el comedor estudiantil, mediaba una media hora de cola tres veces al día; lo positivo es que aprendí a concentrarme y leer mientras me movía lentamente en la cola. También le agarre cariño a los deportes: subíamos corriendo al cerro cercano a la casa de estudiantes mientras conversaba física o política con Carlos Rojas Rodríguez, o jugábamos básquet con Emilio Ley, Raúl Rojas García y otros amigos.
En la Facultad estudiábamos mayormente de manera aislada que es un grave error que trato de corregir en mis alumnos.  De vez en cuando había grupos de estudios y a través de ellos logre conocer a Rubén Panta, Modesto Montoya. Cuando mi entusiasmo por la física estaba en caída, logre una beca LASPAU y me vine en 1969 a estudiar  en EEUU, donde revivió mi interés por la física, termine mi Bachillerato y Doctorado y donde ahora enseño.

 

"Encuentro en la Bahía"

La tensa mañana se rompió con el traqueteo metrallero. Me tiré instintivamente al suelo. Cuando el ruido amainaba me atreví a mirar por mi ventana del séptimo piso del edificio de la esquina de Cañete con Moquegua. Los callejones del centro limeño se estaban convirtiendo en almacenes de artefactos eléctricos robados de las tiendas comerciales. Había muertos en las calles. Un canillita estaba tirado en el suelo con sus periódicos regados.

Escuché por la radio que el Centro Cívico estaba incendiándose. Pensé inmediatamente en María Victoria. Me la imaginé corriendo entre llamas. No pude detenerme. Me puse terno y corbata, para no pasar como huelguista o ladrón. Caminé sereno hacia la Av. Tacna y enfilé hacia el Centro Cívico. A mi paso vi innumerables cuerpos, puertas de fierro violentadas. Tiendas comerciales vacías. Un carro militar paró frente a mí.

¿A donde se dirige?- casi a gritos me preguntó un oficial del ejército.

Me voy a mi casa por la Av. Colón – mentí sin pensar en las consecuencias.

El militar dudó antes de decirme:

¡Vaya con cuidado que hay delincuentes por todos lados¡

¿Cómo estos milicos lograron convencer a mi amiga que SINAMOS podía movilizar las conciencias de un pueblo que no conocen y que no les tienen confianza? Mis recuerdos de Salpo y Chimbote regresaron. En Salpo, los policías llevándose a rastras a jóvenes que no conocieron el Estado. En Chimbote reprimiendo la huelga de los obreros siderúrgicos. Siempre sosteniendo la injusticia. ¿Cómo hubieran podido cambiar de mente? A varios de la UNI convencieron y se fueron al Centro Cívico. Yo no acepté. Viví con el temor de pagar por ello, pero con la seguridad de que hacer lo correcto. Todas las teorías que nos contaron sobre la revolución estaban ardiendo. Pero María Victoria no era teoría. Era mi sueño concreto, que empezó a formarse en la Bahía más bella del mundo, frente a las islas Ferrol, sobre sus arenas blancas. Era mi amiga, aunque mi corazón me sugería otra cosa.

El local del diario “Correo” estaba tomado, medio quemado.

Me apresuré. Cuando llegué al Centro Cívico, encontré el Centro de Convenciones en llamas. La gente seguía saliendo del Centro Cívico. Vi a alguien conocido. Pregunté por María Victoria.